Tejerina admite que el recorte de cuotas mejoró los «stocks» a costa del empleo

Dice que elevar la luz de la malla para algunas artes puede provocar pérdidas económicas


bruselas / corresponsal

La senda hacia el cumplimiento de los objetivos de la nueva política común de pesca (PCP) no acaba de despejarse. El sector se las ve y las desea para cuadrar las nuevas y ambiciosas metas de sostenibilidad con sus necesidades económicas. Muchos se han quedado por el camino haciendo los cálculos, otros resisten y se preparan para digerir el nuevo reglamento técnico que Bruselas ha propuesto a los ministros de Pesca de la Unión Europea

La música sonaba bien al principio. El comisario Karmenu Vella prometía seguridad jurídica y menos quebraderos de cabeza al proponer reglas comunes sobre cuestiones básicas para todas las flotas y una iniciativa para regionalizar la gestión pesquera, promocionando así la toma de decisiones enfocadas a solucionar los problemas a nivel local y regional teniendo en cuenta las especificidades de cada pesquería. Pero en los detalles se esconde el diablo. 

España ha sido de los primeros países en mostrar objeciones al texto sobre el que los ministros trabajarán a lo largo de los próximos meses. En Luxemburgo, la ministra española de Agricultura, Isabel Tejerina, admitió su preocupación por dos aspectos fundamentales para el sector. El más obvio es la pérdida de empleo que se ha cobrado el severo ajuste de la nueva política pesquera. «Nos preocupa el hecho de que en la exposición de motivos se reconozca abiertamente la reducción de empleo a corto plazo por la aplicación de este reglamento. Es muy optimista aseverar que se vaya a recuperar empleo en el 2020», admitió Tejerina, antes de reconocer los problemas por los que pasa la flota gallega y española ante sus socios europeos: «En España tenemos buenos ejemplos de reducciones severas de flota con importantes pérdidas de empleo. Experimentamos recuperación de pesquerías, pero no de empleos». 

A vueltas con las mallas

El futuro del sector no solo pasa por garantizar capturas suficientes, también por mejorar la selectividad sin que se pongan en peligro algunas artes de pesca. Y en esto, España tampoco las tiene todas consigo. Tejerina señaló ayer la segunda gran preocupación del Gobierno: el aumento del tamaño de las mallas. «El incremento generalizado y en ocasiones injustificado de las dimensiones en algunas artes de pesca podría derivar en mermas económicas en pesquerías que ya cumplen con los objetivos de sostenibilidad», argumentó durante la sesión ministerial. Francia se sumó a las críticas españolas. El Gobierno galo deplora que el tamaño de la malla se haya aumentado de los 100 milímetros actuales a los 120 milímetros para el arrastre y redes fijas en pesca demersal en el nuevo marco. Portugal también mostró ayer sus reservas. Exige que se aclaren algunos aspectos sobre redes de arrastre, redes de enmalle fondeadas y reprocha que la flota palangrera no pueda capturar en su totalidad de forma accesoria algunos tiburones de profundidad, como sí se propone para alguna red de enmalle. 

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