Fajardo se aferra a que no lo cuestionó el 60 % del censo para seguir en el cargo

Decide continuar al frente de los pósitos gallegos con 62 votos en contra y 32 a favor


Redacción / La Voz

Tomás Fajardo decidió continuar al frente de la Federación Galega de Confrarías al dar por superada la cuestión de confianza a la que se sometió voluntariamente. Hubo más votos a favor de que se marchase (62), que de que permaneciese en el cargo (37), además de una abstención. Pero como no se alcanzó una mayoría cualificada del censo (el 60 %; esto es, 76 peticiones de dimisión), Fajardo se considera lo suficientemente respaldado como para seguir siendo presidente de las cofradías gallegas, por más que le haya pedido la dimisión una federación provincial al completo -la de Pontevedra-, la de Lugo respalde su destitución e incluso simpaticen con su marcha parte de los patrones mayores de A Coruña.

Porque a la aritmética simplista que empleó Fajardo para, nada más terminar el escrutinio, dar por validada su gestión y anunciar -hay quien incluso dice que de forma triunfalista- su continuidad al frente de la institución, enseguida se confrontó otra más realista: «O 62 % dos votantes dixeron ?vete?; iso xa é unha lectura o suficientemente clara», explica José Manuel Rosas, patrón mayor de Bueu. Rosas fue, precisamente, el que detonó la crisis en la federación gallega al presentar su dimisión como vicepresidente de la entidad por discrepancias con la gestión de Fajardo, un movimiento que inflamó a los pósitos de Pontevedra, que rechazaron la renuncia de Rosas y se unieron para pedir la cabeza del presidente de la Federación Galega de Confrarías.

«Se tivera un mínimo de dignidade sairía pola porta correndo», añadió Rosas, que no dudó en comparar su movimiento con el de Pinochet para hacerse presidente vitalicio y en ironizar con su apego al cargo y una conocida marca de pegamento de fijación extra fuerte.

De que el sector queda en una «situación incómoda» también da fe el presidente de la federación de Pontevedra, José Antonio Gómez: «Quixo facer unha demostración de forza, pero o resultado é un claro rechazo; aférrase a un éxito triste cando, por dignidade, non debería continuar».

Quizá no se hayan alcanzado los 3/5 del censo, que era de 126 personas, pero sí se superó ese límite si se atiende al número de votantes (100 en total), hace ver Basilio Otero, presidente de la Federación de Lugo, que resalta «a posición débil na que queda a institución». Porque para Otero, lo que cuenta es la institución, por eso confía en que el presidente reflexione en casa, analice con calma los resultados y corrija su decisión. Unos resultados que, además, hay que contextualizarlos. De Pontevedra, federación que pidió en masa su dimisión, faltaron diez personas debido a que la votación coincidió con el funeral del hijo del ex patrón mayor de Vigo, desaparecido junto a otro compañero en el mar hace una semana. Votos, con otros cuatro de Lugo, que serían contrarios a la continuidad de Fajardo: «Velaí os 76», dice Otero.

Ahora bien, mientras unos hablan ya de moción de censura, otros no son tan optimistas sobre las posibilidades de que ese cuestionamiento prospere.

Su primera tarea será la de solicitar la autorización para la protesta del día 27

No deja de ser paradójico que la primera tarea que tenga que abordar Tomás Fajardo tras dar por superada la cuestión de confianza sea gestionar los permisos para esa manifestación que en su día decidió no convocar, a pesar de que lo había pedido el sector, y que se coló entre los motivos por los que se pide su dimisión. Porque aunque no hubo escrito de moción de censura, los de Pontevedra sí apuntaron razones para justificar su petición de cese. A la cabeza figuraba el incumplimiento del acuerdo sectorial que decidió elevar a la consellería y a las demás asociaciones del cerco una propuesta de gestión de la cuota de jurel. El presidente de los pósitos, alegando que los ánimos estaban muy caldeados, decidió posponer la presentación de ese documento en la reunión y lo hizo llegar en otra ocasión. A Fajardo también le reprochan no haber sido lo suficientemente contundente al manifestar el rechazo de las cofradías gallegas al anteproyecto de Lei de Acuicultura de Galicia. Una oposición que sí fue demostrada en la agrupación pero a la que, a juicio de los críticos, no se le dio la trascendencia que requiere una decisión de ese calibre.

Otra gota que contribuyó a colmar el vaso fue que invalidase el acuerdo adoptado en una reunión de convocar una manifestación en defensa del sector. Según Fajardo, lo hizo porque se decidió en el apartado de ruegos y preguntas y los asesores precisaron que esa vía podía conllevar responsabilidades, no para la institución, sino personales para el presidente, algo que Fajardo no estaba dispuesto a asumir, por lo que se acordó en otra reunión.

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