Los consumidores piden letras más grandes y mayor claridad

Quedó patente en el reciente congreso de la FAO que se celebró en Vigo, donde se presentó incluso un «sello de sellos»


redacción / la voz

La excesiva proliferación de sellos de calidad y el creciente volumen de datos proporcionados en la etiqueta de los alimentos es otra de las preocupaciones para el sector. Quedó patente en el reciente congreso de la FAO que se celebró en Vigo, donde se presentó incluso un, por así decirlo, sello de sellos de calidad y la subdirectora general de Economía Pesquera, Aurora de Blas, habló sobre qué necesita saber el consumidor sobre el pescado que come. «No es fácil saber lo que necesita, se conoce lo que le se le tiene que decir por ley». Sin embargo, hay diferentes consumidores con necesidades de información distinta. Y más en un mundo globalizado.

En Canadá no hay un consumidor que no lea la etiqueta; en EE. UU. por mucho que presuman de preocupación por la salud solo comen pescado una vez a la semana; en Rusia se han pasado del congelado al fresco; Australia valora los productos locales; Japón come por los ojos y se queda en la presentación; África presenta un enorme potencial, y en Europa se tiende hacia un producto más preparado y elaborado. Así que «no es lo mismo un consumidor que otro. Y en el mundo hay grandes diferencias», dice Blas. Pone ejemplos: dentro de la UE y su media de 22 kilos por persona y año no es lo mismo el consumo de pescado en España que en Lituania; y en África está a años luz lo que se consume en Senegal y lo que se ingiere en Mozambique. Así las cosas, ¿qué necesita el consumidor? Obviamente la información es básica para generar confianza y esos datos deben ser «precisos, clara y veraz», pero se está llegando al punto de que se «abruma con información al consumidor»: que si debe consumirse cuatro veces a la semana, que si tiene omega tres, certificaciones que confunden al consumidor... No pecar por exceso ni por defecto.

Información verificable

De momento, es la Administración la que trata de buscar el equilibrio. Y apuesta, según De Blas, por una información veraz, clara suficiente y verificable para que el consumidor elija.

Desde luego, según una encuesta de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), al cliente lo que le interesa es la fecha de caducidad, los ingredientes y el origen y perciben que lo que relaciona la etiqueta responde únicamente a lo que le interesa a las empresas. En cuanto a sus demandas: letras más grandes, información más clara y menos tecnicismos.

Desde el ministerio consideran que tener información es básico para tomar una decisión de compra adecuada, y unos buenos datos generan confianza y esta consumo. Ahora bien, elegir qué información «es difícil», admitió De Blas, sobre todo cuál debe ser voluntaria y cuál obligatoria.

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