Cría fama... y dásela a Portugal

Depuradores y comercializadores emplean fórmulas diferentes para sortear la obligación de tener que poner «aguas portuguesas» en el origen


redacción / la voz

Años ganándose una reputación, labrándose una marca y un nombre propio, para que, de la noche a la mañana, un reglamento comunitario tire todo el trabajo por tierra. Cuando en su día se discutió en Bruselas la nueva Organización Común de Mercados (OCM) para los productos de la pesca y la acuicultura, todos aplaudieron el espíritu de una norma que planteaba dar al consumidor una información más precisa sobre el origen de los productos pesqueros frescos, mucho más concreta que ese FAO 27 (Atlántico nororiental), FAO 34 (Atlántico central) o FAO 71 (Pacífico central) que hasta diciembre pasado era suficiente para cumplir con la normativa. Ahora, ese FAO 27 que sigue tiendo que figurar en la etiqueta de los pescados y mariscos gallegos, debe ir acompañado de «una explicación en términos comprensibles» del nombre de la subzona o división de la que proceden, o de «un mapa pictograma que muestre dicha zona».

El problema es que se sigue empleando el listado de áreas de pesca de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación) y en esa relación, para el área IXa, que engloba las aguas ibéricas comprendidas entre Fisterra y el golfo de Cádiz, la denominación «en términos comprensibles» es «Aguas Portuguesas».

Si se tiene en cuenta que en la demarcación geográfica de la IXa se encuadra una zona marisquera del calibre de la ría de Arousa -y que entra tanto su margen norte como el sur-, se puede percibir perfectamente el alcance del problema. Un embrollo como es el amparar la paradoja de que en la etiqueta de, por ejemplo, la almeja de Carril tenga que figurar que la zona de captura del producto son «aguas portuguesas».

«Se pretende informar mellor ao consumidor e o que realmente se fai é confundilo; non ten sentido», señala el depurador José Daporta. «Somos Europa, pero ao mesmo tempo Europa está tan lonxe que pasan estas cousas», añade.

Paradojas

Daporta explica que esa obligación choca de frente con la política de potenciar las denominaciones de origen (DOP) y las indicaciones geográficas protegidas (IXP). El mejillón se salva de llevar la etiqueta Mexillón de Galicia y especificar que es de aguas portuguesas porque, al tratarse de un producto de acuicultura, solo tiene que figurar el estado miembro o el tercer país en el que fue criado y alcanzó más del 50 % de su peso final. Así que en la etiqueta figura España, y no la referencia al país vecino.

Pero otra cosa son los productos del marisqueo, que deben acatar las normas dispuestas para la pesca extractiva. Y ahí sí. Berberechos de Noia, almejas de Carril, navajas de Fisterra, al igual que las xoubas de Rianxo o el pulpo de Bueu, deben ser expuestas al público con ese «FAO 27, subárea IXa, aguas portuguesas» en la etiqueta.

Distintas fórmulas

¿Y lo hacen? «Por suposto que non», sentencia José Daporta. «E non creo que ninguén nos poida obrigar a poñer que o produto é de augas portuguesas cando é galegas», añade. Así, se limitan a poner el área FAO (27), y la subárea (IXa), pero sin esa aclaración «en términos comprensibles».

Otros, como el representante de la federación de mejilloneros Femex, Javier Figuera, lo hacen precisando la zona de captura más allá de los términos que marca la normativa. Primero aclaran la zona de captura, especificando que se trata del Atlántico nororiental, y en la subzona acompañan las aguas portuguesas del punto cardinal este y, para mayor especificación, colocan entre paréntesis Galicia, para que no quede ninguna duda que la almeja o el berberecho que comercializan son gallegos y no lusos.

En el caso de Figueira, incluyen lo de aguas portuguesas porque «os nosos clientes son de fóra de Galicia e, sobre todo, grandes cadeas de distribución, polo que non queremos ter problemas nin nós, nin que os teñan os nosos clientes». De ahí la abundancia de datos en el apartado del origen del producto.

En la Xunta están al tanto del problema y, de hecho, han lanzado una consulta a Madrid y a Bruselas y están a la espera de que se dicte una resolución. Mientras tanto, se está haciendo «un pouco a vista gorda», dicen desde el sector. No lo admiten así en la Consellería do Mar, pero sí que aseguran que, hasta ahora, no se ha aplicado ninguna sanción por este motivo.

Ni almeja de Carril, ni gamba de Huelva

El problema que tiene el sur de Galicia -del norte de Fisterra hasta Ribadeo se libran porque pertenecen a otra subzona de pesca, como es la VIIIc, catalogada como sur del golfo de Vizcaya- no es exclusivo. Lo sufre también el golfo de Cádiz, la otra parte contratante de la subzona IXa. Y en Andalucía el problema todavía es peor porque, si de Tarifa hacia el oeste, deben etiquetar el pescado como de «aguas portuguesas», de Tarifa para el este tiene que figurar como «aguas baleares», que engloba toda la costa andaluza, la murciana e, incluso, las de la Comunidad Valenciana y Cataluña, amén de las islas Baleares.

Así que los andaluces sufren con la sardina de Isla Cristina, la gamba de Huelva o el langostino de Sanlúcar el mismo problema que en Carril con la almeja. También pierden su identidad la gamba roja de Almería o la quisquilla de Motril.

Ni que decir tiene que tanto en el sur como en el norte creen que ese imperativo constituye un grave problema para el sector pesquero. Y si en Galicia la Consellería do Mar se ha movido y está actuando en coordinación con el Ministerio de Agricultura para procurar un cambio en la normativa porque considera que «pode ser válida para as zonas de pesca, pero non para identificar o produto», en Andalucía también han movilizado a sus políticos para enmendar este despropósito. Así, la europarlamentaria socialista Clara Aguilera ha presentado una propuesta en Bruselas y desde la Junta se está siguiendo el conflicto.

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