Sea Shepherd entregó a las autoridades de Santo Tomé a los mandos del «Thunder»

Hay cinco españoles entre los rescatados y los ecologistas creen que son todos gallegos


redacción / la voz

Si alguna duda albergaban los ecologistas de Sea Shepherd de que el hundimiento del Thunder había sido intencionado, no les hizo falta más que ver al capitán del pesquero pirata aplaudir y vitorear mientras el buque desaparecía en las aguas para ver confirmadas sus sospechas. La reacción de la tripulación dejó descolocados a los conservacionistas que socorrieron a los 40 tripulantes que se lanzaron a las lanchas salvavidas cuando el barco empezó a escorar, a las seis y media de la madrugada del lunes. Así lo comentó a medios australianos Peter Hammarstedt, responsable del Bob Barker, compañero de viaje durante 110 días del infame Thunder, y lo corroboró a este periódico el capitán del Sam Simon -el otro barco de Sea Shepherd-, Sid Chakravarty, que sostiene que no fue un naufragio fortuito, sino intencionado, lo más probable porque se estaba quedando sin combustible.

Chakravarty no comulga con la justificación que ofreció el capitán del pesquero, de nacionalidad chilena, sobre la causa del hundimiento: que había chocado con algo. Más que nada porque si un barco colisiona con algo, no deja puertas y escotillas abiertas y mucho menos se molesta en empaquetar todo para abandonar el barco, como el que manda en el Sam Simon dice que hicieron. Y, según su teoría, actuaron así para destruir pruebas de sus actividades, irrecuperables a los 3.800 metros de profundidad que, calculan, se halla ahora el Thunder.

Los capitanes de los barcos de Sea Shepherd vieron reacciones diferentes entre la tripulación: la extraña alegría de los chilenos, con el capitán al frente, la preocupación de los españoles y el alivio de los indonesios, que conforman la mayor parte de la dotación. Todos ellos, 40 en total, están a bordo del Sam Simon, que los rescató de las balsas salvavidas en las que pasaron el día de ayer.

Tripulaciones separadas

Los marineros del Thunder permanecen en la cubierta trasera del buque ecologista, separados de la tripulación del barco porque, si bien acabaron por aceptar que no vendrían otros a rescatarlos, no faltaron los gritos increpando a sus rescatadores. No en vano han sido 110 días de acoso no exentos de episodios violentos e intentos de agresión por parte de los tripulantes del pesquero pirata a los miembros de Sea Shepherd, que tienen documentados todos los ataques y, de hecho, ya habían entregado antes del hundimiento del barco pruebas de las actividades ilícitas del Thunder a las autoridades de Mauricio.

Así que finalmente los tripulantes se relajaron, «no les quedó más remedio» y completaron la travesía hasta Santo Tomé y Príncipe, el país más cercano a la zona del naufragio, a bordo del Sam Simon sentados sobre las redes que les habían sido incautadas. A última hora de la tarde arribaron los dos barcos de Sea Shepherd a la isla del golfo de Guinea. Allí pusieron a disposición de las autoridades a la tripulación con la intención de que los mandos del pesquero fueron interrogados. También les facilitaron pruebas de la carga que llevaban y de sus actividades ilegales. Pruebas que también darán a la Interpol, que mantiene una de sus notas púrpuras contra el Thunder.

El capitán del Sam Simon indicó que la tripulación del pesquero pirata está compuesta por cuatro chilenos, un portugués, cinco españoles y 30 indonesios.

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