Los taxistas: amigos, recaderos y consejeros en tiempos de confinamiento

Paula Lago y Fernando Boo, que tienen las plazas en Xermade, hacen estas semanas muchos recados a personas recluidas


vilalba / la voz

«Somos condutores multiusos». Paula Lago es taxista en Xermade, como su marido, Fernando Boo. Ambos suelen hacer viajes con gente mayor que los llama para ir al médico o para otras gestiones. Estas semanas, con la población recluida por el estado de alarma y con la actividad cotidiana muy reducida, son recaderos, consejeros, amigos...

Los clientes mantienen el contacto con ellos. Los viajes se han reducido; pero hay vecinos de Cazás, de Piñeiro o de Cabreiros que confían en sus taxistas de confianza para que les hagan la compra en el supermercado o en la farmacia. Los interesados llaman por teléfono, y los taxistas atienden los encargos con una rapidez que va en relación directa con la urgencia del pedido.

Sin embargo, Paula Lago comenta que las llamadas de los clientes, con los que por lo general mantienen relación desde hace años, no solo están justificadas por la necesidad de recibir en casa alimentos o medicinas. «Hai xente que di “é que tiña falta de chamar”», comenta. La reacción de los taxistas no es de fastidio por un posible exceso de confianza sino todo lo contrario. Ella afirma que se admira y se alegra del grado de intimidad que los clientes han logrado. «Con pouco xa fas moito. Eles séntense protexidos. Para min é un orgullo moi grande», dice.

Por ahora, explica, no ha notado que los clientes hayan rebajado el volumen o la frecuencia de sus compras. Los pedidos se atienden en Vilalba porque en Xermade, reconoce la taxista, la oferta comercial es muy reducida aunque sí hay farmacia. Lo que incluso sospecha Paula Lago es que algunos clientes hacen pedidos para tener un poco de vida social: primero, al telefonear para hacer el pedido; luego, al recibirlo en casa, aunque sea manteniendo las distancias. A ella no solo no le importa sino que le causa una cierta satisfacción ver cómo los clientes se alegran de verlos. «É moi gratificante axudar, a verdade é que si», confiesa.

Mientras se mantengan las restricciones del estado de alarma, no se podrá ir a ferias y a mercados ni a peluquerías, dos destinos que los clientes de estos dos taxistas conocen bien. Pero más bien parecen esperar que la interrupción pronto llegue a su fin, ya que les comentan que usarán de nuevo sus servicios cuando la situación se normalice. Para Paula Lago, en esas palabras hay otra muestra de reconocimiento a su trabajo. «É un orgullo» recalca de nuevo.

Clientes que van a diálisis o a urgencias médicas

Fernando Boo tiene un vehículo Mercedes, de siete plazas, con el que lleva clientes a diálisis. Paula Lago, que a veces participa en esos desplazamientos, tiene un Dacia, con menos capacidad. Lo que en ambos se hace es cumplir a rajatabla las condiciones de seguridad y de higiene recomendadas para estas semanas. Los clientes lo agradecen, desvela Paula Lago, que a veces, incluso en domingo, lleva a algún cliente al médico por una urgencia.

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