El pueblo que se anima con el hielo

La restauración de una nevera en Xermade con un campo de trabajo atrae a jóvenes de varios países desde hace años


lugo / la voz

El hielo recobra protagonismo en Xermade cada verano. No hay contundentes olas de calor que diferencien a este municipio de otros cercanos, sean de la Terra Chá o de la comarca del Eume; pero la restauración de una nevera, situada en la parroquia de Lousada, se convierte desde hace años en un destacado acontecimiento social.

Este año se ha repetido la situación. Un total de 17 alumnos se desplazaron a Xermade para participar en el campo de trabajo que por cuarta vez tenía la restauración de la nevera: seis eran de Rusia; tres, de Italia, y dos, de Francia, según detalla Israel Picón, arqueólogo de la empresa A Citania, que se encargó un año más de la actividad.

Los asistentes cambian de un año a otro, pero lo que no varía es el clima de animación y de calor humano que se genera alrededor de la nevera. Los que participan, sean gallegos o de otros lugares, logran un mejor conocimiento de la zona, favorecido por el contacto con los vecinos. Picón no duda en subrayar lo agradable de esa situación, en la que los participantes se sienten como en casa y la gente les dispensa un buen trato.

Los trabajos que se programaron para este año, realizados del 14 al 24 de agosto, incluyeron el acondicionamiento de uno de los muros de la nevera y la retirada de rellenos. Los profesionales, por su parte, efectuaron, con control arqueológico, la apertura de surcos para desviar aguas y prepararon una zona para evacuar material sobrante -tierra y piedras, por ejemplo-.

La parte norte de la nevera ya se considera consolidada, igual que una pequeña construcción anexa. Queda pendiente la parte sur, algo que se constituye ahora el objetivo del año próximo, como detalla Picón. De la cubierta no quedan restos; no obstante, sí se han encontrado restos de pizarra, con lo que ahora se puede suponer que estaba construida con ese material.

La nevera tenía unos seis metros de ancho y unos diez de largo; la altura no parece saberse con exactitud, si bien se calcula que oscilaría entre seis y ocho metros. A pesar de los trabajos efectuados y de los datos conseguidos, a Picón no se le escapa que todavía queda un notable trabajo por delante, tanto desde el punto de vista de la restauración como desde el de la arqueología: por ejemplo, dice, hay que terminar el vaciado interior de la construcción o determinar si hubo alguna construcción auxiliar.

 «Algo fascinante»

El proyecto, de todos modos, encierra gran interés. «Estamos falando de algo fascinante», dice Picón. La ubicación de la nevera -cerca del antiguo camino real de Mondoñedo a Ferrol, que pasaba por el norte de la Terra Chá y que permitía llevar el hielo a esa última ciudad- lo hace más atractivo. El arqueólogo incluso cree que la situación supone precisamente un aspecto en el que se debe trabajar.

Los campos de trabajo organizados hasta ahora han tenido la colaboración de la Xunta. Picón cree que continuarlos es cuestión de «vontade». Entusiasmo, desde luego, no parece faltarles a los que trabajan.

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