El belén está desahuciado, Trump es Herodes y Baltasar está retenido

El nacimiento instalado en una capilla de Xermade refleja de nuevo situaciones del mundo actual


vilalba / la voz

Hay un belén en el que se acumulan los problemas. Es el de la capilla de San Antonio, de Momán (Xermade), que refleja diversas situaciones de estos tiempos. Una familia ha sido desahuciada de su casa por no poder afrontar pagos básicos; un rey Herodes que tiene toda la apariencia física de Donald Trump ordena desterrar a los refugiados, y el rey Baltasar no puede avanzar con sus compañeros, retenido en la frontera por ser negro.

La familia que sale a la fuerza de su casa encuentra refugio en una cueva, situada junto a un portal, y solo el calor de animales y de fuego encendido con leña de los alrededores permite calentarse un poco. En contraste con esas penurias, para guardar riquezas de otros hay un aparatoso edificio, el del banco de Jerusalén, que a su vez contrasta también con otras estrecheces: la escuela apenas sigue en pie porque el rey Herodes ha aplicado recortes en educación, convencido de que con la ignorancia de los demás su poder estará más resguardado.

El Herodes de este belén tiene el pelo rubio y la piel tirando a clara. No parece un personaje de lo que hoy se conoce como Oriente Medio sino más bien del mundo anglosajón, y una de sus principales decisiones es la expulsión de los refugiados. ¿Es Herodes realmente? Es Donald Trump, y ante él se arrodilla un dirigente de la Unión Europea, decidido a imitar su medida de expulsión. Sin embargo, no todo es unanimidad, puesto que una pancarta anuncia movilizaciones ciudadanas contra esas posturas políticas.

Los refugiados son enviados a campos de concentración, y por esa condición les está prohibida la entrada en Jerusalén. Tan contundente es la postura del poder establecido que ni siquiera el rey Baltasar, procedente de un Oriente que se considera lejano, puede seguir su recorrido con sus compañeros Melchor y Baltasar. El color de su piel parece un escollo insalvable, y si decidiese buscar un consuelo a su situación, podría fijarse en una pancarta colocada en el campo de refugiados. «Los refugiados no son el peligro; ellos están en peligro», se lee en el texto, cuyo autor no es de la época de Herodes sino de esta: quien pide respeto para los refugiados con esas palabras es el papa Francisco.

La mezcla de pasado y presente no solo se muestra en esas palabras del pontífice sino en otros carteles: «Hazme visible. Por dignidad, nadie sin hogar», se puede leer, de acuerdo con mensajes que ha divulgado Cáritas últimamente. Luis Rodríguez Patiño, párroco de Momán y de Labrada (Guitiriz), manifestó ayer que los vecinos entendían el mensaje porque no supone para ellos una novedad: es más bien, dijo, un capítulo más de lo que él suele expresar a lo largo del año, con puntos de vista a veces alejados de los de la jerarquía.

Los problemas económicos de las familias están presentes en el

nacimiento

El papa aparece para decir que los refugiados no son un problema sino gente en problemas

Una cocina económica alivia a los necesitados

Campesinos y pastores que están en paro y que carecen de lo más básico acuden a una cocina económica donde reciben algunos alimentos. En cambio, donde sí hay medios y exuberancia es en la sinagoga, donde unos sacerdotes vestidos con gran lujo, los fariseos y los saduceos, parecen vivir ajenos a esas cercanas situaciones. El belén se instaló hace ya varios días, y permanecerá en la capilla hasta después del día de Reyes (6 de enero).

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