«A entrega do persoal é total», dice el director de la residencia de Vilalba

Empleados en días libres telefonearon porque estaban dispuestos a incorporarse


VILALBA / LA VOZ

Los casos de coronavirus y la posterior intervención decretada por la Xunta han llevado la intranquilidad a Vilalba en general y a la residencia de mayores en particular. El centro tiene 148 residentes y una plantilla formada por unas 80 personas. «É un golpe anímico forte e a situación é complexa», reconocía ayer el director del geriátrico, Jesús Ramil.

Que la residencia haya sido intervenida no alteró costumbres y deberes entre el personal. El director acudió al centro, como también lo hicieron los trabajadores. El comportamiento de estos fue elogiado por Ramil: gente que estaba de días libres telefoneó a la residencia para mostrar su disposición a reincorporarse si fuera necesario. «A entrega do persoal é total, a unión do grupo mantense», recalcó Ramil, que, por otro lado, agradeció el apoyo recibido de personas y de instituciones de Vilalba. «O asilo é vilalbés por dentro e por fóra», afirmó. Aunque el nombre oficial del edificio es Residencia de Persoas Maiores de Vilalba, para muchos es conocido como asilo por ser esa la denominación con la que empezó a funcionar.

Para el director, lo ocurrido con la aparición de este potente brote constituye en cierto modo una sorpresa por las precauciones tomadas en los últimos meses. «As medidas de precaución sempre foron rigorosas e foron a máis»; sempre traballamos por diante das circunstancias», explicó Ramil.

En la pasada primavera, cuando la primera ola de la pandemia apareció con fuerza, los residentes con más dificultades, los que tienen la condición de asistidos, hicieron vida en sus habitaciones, individuales o dobles, según las instrucciones de la Xunta; los que tienen mejores condiciones, los válidos, se repartieron por varias zonas del edificio y algunos llegaron a comer en el salón de actos.

El cierre del edificio a visitas tuvo entonces unas consecuencias algo mayores que en otros centros: una grandísima mayoría de los residentes proceden de Vilalba y de otros concellos cercanos, e incluso hay un grupo de voluntarias cuyas integrantes acuden con frecuencia. «A xente segue a traballar, adaptada ás circunstancias», comentó ayer Ramil.

La intervención de la residencia ha supuesto también el cierre temporal de la unidad de alzhéimer, que fue construida en años pasados en la misma parcela que ya ocupaba antes la residencia. El centro cuenta con 15 plazas.

Un edificio que se levantó por impulso de emigrantes en América

El proyecto de dotar a Vilalba de un edificio que curase la salud de gente sin recursos nació prácticamente con el siglo pasado. En 1909 se creó una comisión, que encabezaba el alcalde Andrés Basanta Olano. En esos años empezaron las obras, que luego, por la crisis desatada con la Primera Guerra Mundial, se pararon. Entonces entró en escena la Unión Villalbesa, entidad que estaba formada por emigrantes en Cuba y que asumió la conclusión de la obra como objetivo básico. El dinero de los que estaban en América y de los que ya habían regresado permitió que a comienzos de los años treinta estuviese acabado.

Con la llegada de la Segunda República, Vilalba consiguió la creación de un colegio-instituto que tuvo como sede el recién acabado edificio. En 1937, con España en guerra, el inmueble pasó a ser hospital de retaguardia. A esa época corresponde también la llegada de las primeras religiosas que atendieron a los residentes. Desde hace años, la plantilla del centro está formada por personal seglar.

Una fundación con un patronato del que forman parte la alcaldesa y el párroco

Del funcionamiento de la residencia se encarga la Fundación Hospital Asilo, cuyo trabajo asume un patronato. Hay una junta de la que forman parte, por su condición de tales, la alcaldesa y el párroco. El director de la residencia suele acudir a algunas de las reuniones, aunque solo si su presencia es solicitada. La residencia solamente tiene concertadas con la Xunta una pequeña parte de sus plazas, aunque no es ese el único rasgo que la aparta de centros similares. Cuenta también con aportaciones de vecinos, que se reúnen en asamblea periódicamente.

Las aportaciones de esos vecinos no se corresponden con una cuota fija, sino que varían de unos a otros. Unas 150 personas forman actualmente la asamblea de donantes, y no son raros los casos en los que un miembro decide seguir con la misma aportación que ya realizaban sus antepasados.

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