Hace 25 años, el centro de Vilalba empezaba a librarse de los coches

La variante de la N-634 redujo la presencia de vehículos en céntricas calles

Vista de la variante vilalbesa de la N-634 desde O Ventorro
Vista de la variante vilalbesa de la N-634 desde O Ventorro

VILALBA / LA VOZ

La segunda mitad del siglo XIX fue el momento en que Vilalba empezó a convertirse en cruce de carreteras. La primera que se construyó fue la de Ferrol (1860), y unos veinte años después se hizo realidad la de Baamonde. La carretera, actual Rúa da Pravia, comenzó así a tener un perfil de zona comercial del que aún no se ha desprendido. Al final del siglo XX, sin embargo, algunos aspectos relacionados con el tráfico habían cambiado y se hacían necesarias modificaciones para que villas y ciudades se transformasen en lugares más agradables.

El 8 de julio de 1995 se inauguraba la variante de la N-634. La nueva vía, que va de las inmediaciones del polígono de Sete Pontes a Boizán, bordea el casco urbano por el oeste, con un trazado de cinco kilómetros. Su entrada en servicio rebajaba la presencia de vehículos en el casco urbano en días laborables y festivos, ya que por la capital chairega no solo pasaban, y pasan, camiones, sino también turismos del interior a la costa.

La circunvalación tiene sendos accesos al casco urbano en el comienzo y en el final así como enlaces con las carreteras de Meira (LU-120) y de Rábade (LU-541) que también permiten acceder al centro. La apertura no supuso solo el final de las obras, sino también la superación de un embudo aparecido en el tramo final. Camioneros y autónomos que trabajaban para la empresa concesionaria de los trabajos bloquearon durante días el nuevo trazado: protestaban así por cobros pendientes y advertían del grave perjuicio que se les estaba causando.

Las aguas volvieron a su cauce, y finalmente los camioneros se retiraron de la zona, con lo que al día siguiente se abrió la variante. Un turismo o un camión que realizase, por ejemplo, el trayecto A Coruña-Gijón o Santiago-Ribadeo ya no tenía que ir entre casas ni pasar cruces como el de Conde Pallares con la calle Galicia o el de la Rúa da Pravia con Plácido Peña. La circulación se volvía más fluida en aquellos años en la Terra Chá y en A Mariña, pues unos años antes se había alejado el trazado de la N-634 de los cascos urbanos de Vilanova de Lourenzá y de Mondoñedo.

Incluso zonas que hasta entonces eran márgenes de carreteras empezaron a cambiar para otros usos. Las salidas del casco urbano hacia Mondoñedo por Campo de Puente y hacia Baamonde por junto al Muíño do Rañego fueron acondicionadas, y las aceras y el alumbrado las convirtieron en zonas de paseo. En la década siguiente se construyó la variante de la carretera de Ferrol, con lo que el tráfico pesado se convirtió prácticamente en un recuerdo. La Vilalba que había sido cruce de carreteras se preparaba para ser cruce de autovías.

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