Nuria, educadora infantil: «Si estás para ellos, ellos siempre responden»


Cuidar a un niño no tiene horario. Porque no mira reloj ese vínculo que creas con él. «El vínculo que estableces con un niño al que cuidas desde los 5 meses lo haces desde el principio. Es atender sus necesidades básicas, físicas y de relación. Hay un niño al que cuido desde los 5 meses y que va a hacer 6 años en diciembre. La madre, por trabajo, necesitaba que yo me quedara con el niño. Luego él empezó el cole y yo cubría horas sueltas», explica Nuria, de 27 años, que este verano cuida a dos pequeños para salvar las dificultades laborales del momento y ha heredado de su madre la vocación de ayudar a los niños a crecer. Educadora infantil, Nuria empezó a trabajar en centros de ocio y como monitora de campamentos de verano. El confinamiento por el covid a ella la cogió trabajando en una escuela infantil en Vilalba, pero la pasión por los peques la siente desde los 18, o antes: «Estudiando, siempre aprovechaba las vacaciones para cuidar niños. Siempre me gustó mucho y además ayudaba a algunos padres a conciliar, que no es fácil», cuenta Nuria, que tiene un ahijado de 4 años.

«Siempre quise ser profe»

¿Manda la vocación más que en otro trabajo? «Bueno, yo desde pequeña quería ser profe... Profe de niños pequeños», dice. Para ella, lo importante para que un niño se sienta a gusto es darle atención. «Los padres lo primero que buscan es una persona de confianza, afectuosa, alguien que juegue con ellos a la vez que les enseña cosas. Yo suelo cuidar, sobre todo, a niños chiquititos -dice- Si te gustan los niños, si ellos ven que estás para ellos, siempre responden», asegura Nuria.

Cuidar a un niño es, dice, crear lazos con toda la familia del pequeño: «Con la madre, el padre, los abuelos, la madrina... Con los padres, en mi caso es una relación flexible, de confianza mutua».

Nuria, ayuda de carne y hueso para la conciliación, dice que «se aprende jugando», y que cuidar y educar a un niño es muy gratificante: «Puedes no tener un día muy bueno, pero si un niño te da un beso o un abrazo te cambia el día. Das pero recibes más». El valor sensible de cuidar.

Quien tiene una cuidadora tiene un tesoro

SUSANA ACOSTA

Ellas siempre son imprescindibles, pero ahora más que nunca. Este es el homenaje a las heroínas de este verano. Las personas en las que depositamos la confianza para el cuidado de nuestros pequeños y mayores

Ellas son las heroínas del verano. Las que siempre están disponibles para el cuidado de nuestros pequeños y de nuestros mayores. Las que los tratan con cariño, los atienden en todas sus necesidades y no dejan que estén solos. ¡Qué haríamos sin ellas! porque sí, la inmensa mayoría son mujeres. Para ellas va el homenaje de la semana porque si siempre son imprescindibles, este verano lo son todavía más. Quien tiene una cuidadora, tiene un tesoro.

Y uno de esos tesoros es Lourdes. Ella tiene tatuada la palabra servicio en su ADN. Desde niña ya ayudaba a su madre a cuidar de una vecina mayor. Y desde entonces, siempre ha tenido muy presente atender las necesidades de las personas de avanzada edad que tiene cerca de ella, aunque eso no le impidió desarrollar su trabajo en una correduría de seguros durante varios años. Es como si hubiera nacido para ello: «Me casé con 18 años y bueno, me cogió así, muy niña y dejé de estudiar. Mi profesión frustrada es ser médico. Siempre me gustó la medicina y el cuidado de enfermos», explica esta santiaguesa afincada en A Coruña desde hace 35 años que considera que no todo el mundo sirve para atender a los mayores. Lo dice con conocimiento de causa. No en vano estuvo cuidando durante 20 años a una señora que tenía alzhéimer: «Éramos tres para cuidarla porque estaba atendida las 24 horas», reconoce.

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