Tocando el órgano junto a goteras en la iglesia de Vilalba

La humedad afecta a las torres y al coro del templo, y la subida al campanario ya resulta peligrosa


VILALBA / LA VOZ

Cerca del mediodía de un día de semana, con la nave central vacía de fieles en ese momento, suena el órgano de la iglesia parroquial de Vilalba. El sonido del instrumento, construido a principios del siglo pasado, se impone sin obstáculos; pero ese dominio tiene alrededor detalles que en nada contribuyen a la solemnidad y sí, en cambio, muestran las carencias de un edificio necesitado de mejoras urgentes.

En el coro, a pocos metros del asiento del organista, se ven huellas del ataque de la humedad, que ha traspasado la pintura y llegado al suelo, en donde la gotera también ha acabado por levantar la madera. Si se sube al campanario, es mejor hacerlo acompañado que solo, porque así uno puede estar pendiente de si el otro cae o resbala: ni la luz eléctrica es potente, ni el estado de conservación de las escaleras anima a subir y bajar sin preocupación.

Al llegar a las torres de la iglesia, ni la imponente maquinaria del reloj, que está parado pero que desde hace días da las horas con el mecanismo electrónico de las campanas, ni las vistas panorámicas, que permiten ver parte de la zona vieja, sirven para olvidar los estragos de la falta de conservación: aquí la humedad no solo se ve sino que además se huele.

El sacerdote Juan Pablo Alonso, miembro de la unidad pastoral vilalbesa, reconoce esos problemas del templo, pero además cita causas de una situación que se observa en la iglesia de la capital chairega y en las de núcleos más pequeños. El descenso demográfico y el escaso compromiso económico de los fieles causan, según el sacerdote, esta situación. La parroquia acaba de incorporar un sistema electrónico para el toque de campanas, con posibilidad de activarse desde el móvil, lo que ha supuesto un gasto de más de 4.000 euros.

La parroquia afrontó la instalación con un préstamo avalado por el Obispado de Mondoñedo-Ferrol, y para reparar la cubierta en la zona de las torres y evitar las humedades que llegan al coro se prevé pedir próximamente presupuesto. El citado cura subraya que aspectos como la necesaria colocación de andamios y las dimensiones de la iglesia parroquial, inaugurada en la última década del siglo XIX, hacen que cualquier obra en la iglesia alcance «proporcións bíblicas».

Alonso afirma que la conservación de un templo depende en buena medida de la actitud de los feligreses y es una muestra de su grado de madurez. En Vilalba, agrega, no se llegó a firmar un convenio de colaboración entre el Concello y Cáritas, como sí se hizo en otros municipios, aunque ve posible un acuerdo: la actitud de la alcaldesa, Elba Veleiro, en reuniones mantenidas le ha parecido «impecable». Mientras, por una pared lateral la humedad avanza implacable.

Cooperantes

La parroquia recibe aportaciones económicas de fieles, pues hay 140 familias que figuran como cooperantes. En una iglesia como esta, solo el gasoil, la electricidad y la limpieza suponen un gasto anual de 7.000 euros.

La cuestión económica, un asunto casi tabú

«O máis cómodo é facer da cuestión económica un tabú, non falar dela», admite Alonso, que agrega que las obras y sus consecuencias para la sociedad duran más que el tiempo de un sacerdote en una parroquia. Incluso reconoce que tras la lotería del 2017, cuyo primer premio se vendió íntegramente en Vilalba, esperaba una actitud de más colaboración con la iglesia. En una parroquia hubo un donativo, que recuerda porque fue un caso aislado. 

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