Hace 110 años, Vilalba y Viveiro ya se unían por una línea de autobús

Las dos localidades empezaron por tener comunicación dos días por semana


redacción / LA VOZ

Un servicio de autocar dos días por semana era una gran novedad en 1909. En noviembre de ese año empezaba a funcionar el servicio de autobuses entre Vilalba y Viveiro, que prestaba la empresa La Ferrocarrilana. La puesta en marcha de la línea entre esas dos localidades era un avance en las comunicaciones en el norte de Galicia, en donde el transporte de viajeros y de mercancías por carretera se expandía en contraste con lo que ocurría con el ferrocarril.

Solo Vilaoudriz, entonces municipio y hoy parte de A Pontenova tras haberse fusionado ambos ayuntamientos, y Ribadeo tenían conexión ferroviaria, con un tren que se construyó para dar salida al mineral de hierro de las orillas del Eo por el puerto ribadense. El servicio se inauguró en 1903 y pronto pasó dejó de ser solo de mercancías para trasladar también viajeros.

Seis años después de ese estreno, entre Ribadeo y Baamonde no había tren pero sí una línea de autocares que suponía una modernización. El recorrido entre las dos localidades, 88 kilómetros en total, se cubría en cuatro horas, con autocares (entonces no era extraño llamar ómnibus a esos vehículos) de 18 plazas, de los que se subrayaba en la prensa su «construcción modernísima» y su «lujoso confort».

Esas cuatro horas eran menos de la tercera parte del tiempo que antes usaban los carruajes que se desplazaban entre ambas localidades. Hacían falta 14 horas, y el servicio era prestado por la empresa La Ferrocarrilana, que también se encargó del transporte en autocar más adelante.

Los avances en el transporte eran consecuencia de los progresos en las infraestructuras. Como escribe Antonio Peña Novo en su obra Villalba en el siglo XIX, en 1860 quedó abierta la carretera de la capital chairega a Ferrol, años después se construyó la de Mondoñedo y en 1881 se terminó la de Baamonde.

Vilalba se adaptaba a los nuevos tiempos, pasando a ser un cruce de carreteras tras haberlo sido de caminos reales. No obstante, la deficiencia de la red viaria ya se dejaba notar a finales del siglo XIX, hasta el punto de que la compañía La Ferrocarrilana llegó a cambiar el servicio de Baamonde a Vilalba poniendo el origen en Rábade. Hace casi 132 años, en diciembre de 1887, se explicaba en las páginas de La Voz de Galicia que la modificación se debía al mal estado de la carretera que enlazaba con la capital chairega.

Tanto los carruajes como los autobuses cumplían la función de conectar Vilalba y localidades del norte -Mondoñedo y Ribadeo primero, Viveiro después- con estaciones de ferrocarril. Ese avance en las comunicaciones llegó en un momento en que la industria automovilística experimentaba un gran empuje: la marca española Hispano Suiza construyó en 1907 su primer camión, con un chasis que también se usó para autocares; en esa época, también la campañía francesa De Dion Bouton daba sus primeros pasos en la fabricación de motores de gasolina tras haber empezado, a finales del XIX, con los de vapor.

Esas conexiones por carretera, a diario o bien en días de ferias y mercados, pasaron luego a manos de otras firmas -la desaparecida Empresa Ribadeo abarcó la práctica totalidad de las líneas que enlazaban Lugo y la costa por Vilalba y por Meira-; pero además, con variaciones en frecuencias y recorridos, todavía se mantienen.

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