1994: Cuando Vilalba tuvo arzobispo

Rouco Varela sustituyó en Madrid a Suquía, con el que había coincidido en Santiago


VILALBA / LA VOZ

Vilalba tuvo su arzobispo hace 25 años. Sin haberse independizado de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol, de la que forma parte, la capital chairega asistió en octubre de 1994 a un paso más en la trayectoria de uno de sus vecinos más destacados, Antonio María Rouco Varela, que tomó posesión como responsable de la archidiócesis de Madrid. En ese puesto permaneció hasta el 2014.

El nombramiento y la toma de posesión fueron un capítulo señalado en una carrera que ya había empezado antes. Dio el salto a la capital de España desde Santiago de Compostela, en donde era arzobispo desde comienzos de los ochenta. Había accedido a ese cargo desde el de obispo auxiliar, que ejerció siendo arzobispo Ángel Suquía. Las trayectorias de ambos tienen otros puntos en común: en primer lugar, Suquía precedió al vilalbés como responsable de la archidiócesis de Madrid; en segundo, los dos estuvieron al frente de la Conferencia Episcopal -entre ambos la presidió Elías Yanes-; por último, tanto uno como otro recibieron el título de cardenales.

Como muchos jóvenes de la Terra Chá y de otras zonas que siguieron la carrera eclesiástica, Rouco Varela estudió primero en el Seminario de Mondoñedo, en donde ejerció como profesor tras concluir su etapa de formación. También fue docente en Múnich y en Salamanca antes de pasar a ocupar el cargo de obispo auxiliar de Santiago.

Sin embargo, por haber marchado de su villa natal siendo un joven y por haber vivido luego en distintas ciudades no rompió sus vínculos con Vilalba, en donde aún viven familiares suyos. Por ejemplo, suele pasar unos días en la capital chairega por Navidad, y aprovecha esa estancia para visitar la residencia de la tercera edad, en donde sigue un esquema más o menos fijo: oficia una misa en la capilla; se reúne brevemente con miembros del patronato de la Fundación Hospital Asilo, de la que depende el centro, y luego pasa al comedor, en donde saluda a los internos, que en ese momento están a punto de cenar o cenando ya.

En esos momentos se ve un Rouco Varela afable y cercano, que tanto recuerda detalles de su etapa de estudiante en Mondoñedo como se interesa por cuestiones de los internos de la residencia con los que conversa brevemente. Cuando está en Vilalba, también suele celebrar misa en la iglesia parroquial.

Rouco Varela no necesitó el nombramiento de cardenal para ser reconocido en su lugar de origen, puesto que ya antes, por su condición de obispo, se le dedicó una calle en Vilalba. En su toma posesión como arzobispo no le faltó el calor de vecinos, pues de Vilalba salieron varios autocares para asistir al acto. Al día siguiente, como arzobispo, ofició una misa para ellos.

En febrero de 1998, de nuevo tuvo lugar fuera de Vilalba un acto en el que a Rouco Varela lo acompañaron paisanos: recibió en el Vaticano el capelo cardenalicio, y de Vilalba salió una expedición de decenas de personas. La unidad pastoral vilalbesa organizó en mayo de este año un viaje al Vaticano y a Roma, y Rouco tomó un avión en Madrid, en donde vive, para acompañar al grupo. La expedición fue saludada por el papa en la plaza de San Pedro.

Llegó a la capital de España tras haber sido obispo auxiliar en Compostela y luego fue cardenal

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