Vilalba, el cambio tranquilo tras 40 años de centroderecha

El primer gobierno del PSOE, encabezado por una mujer tras un pacto con una marea local, inicia su mandato sin estridencias

La alcaldesa de Vilalba, a la izquierda, saludando a una vecina
La alcaldesa de Vilalba, a la izquierda, saludando a una vecina

VILALBA / LA VOZ

«Aquí se recibe a todo el mundo, todos los días. Al que viene se le escucha». Esa idea seguramente podría ser expresada por cualquier mandatario local, más allá de su adscripción partidista. En este caso, las palabras son de la alcaldesa de Vilalba, Elba Veleiro. Y pueden ser comprobadas por cualquiera que en una mañana se acerque a la casa consistorial de la capital chairega.

Atender a vecinos o despachar con empleados o concejales son hoy las actividades cotidianas de esta mujer, acostumbrada al contacto con los vecinos por su ejercicio de la medicina. Su llegada al poder local puede ser considerada, sin miedo a hipérboles, algo casi extraordinario. Por el lugar en el que ha sucedido. El PSOE fue la fuerza más votada en Vilalba, con ocho concejales, y el PP, que bajó de nueve a siete ediles, pasó a la oposición tras 40 años en los que el centroderecha, con las sucesivas denominaciones, había logrado mayorías absolutas. Una tras otra, en la tierra natal de Manuel Fraga. Hasta este 2019.

Hay, sin embargo, una sensación de un cambio tranquilo en la calle. Lo admite la alcaldesa, que reconoce la suavidad del traspaso de poderes. «Contamos con la colaboración del equipo anterior en muchas cosas», explica Veleiro, que, sin embargo, lanza también un reproche al anterior ejecutivo: hay, dice, convenios apalabrados pero no firmados, por lo que actualmente hay que dedicar atención a cerrar esos detalles.

Pese a ser la fuerza más votada y a resultar más bien inimaginable un pacto entre el PP y Vilalba Aberta, que en las elecciones de mayo pasó de uno a dos representantes en la corporación, el PSOE optó por un gobierno de coalición con la marea local. Para Veleiro, presente en la corporación desde el 2007, el pacto tiene una lógica que no resulta ajena a la frialdad de los números: «Es mejor un gobierno de diez concejales que uno de ocho; es más estable», asegura.

Trabajo cotidiano

Con dos meses en el cargo, en la actividad del gobierno local han dominado, y dominan, asuntos poco llamativos pero básicos. Hubo que cerrar la contratación de monitores para campamentos de verano o ultimar detalles de la noche de San Xoán, igual que ahora se está pendiente de las fiestas de San Ramón. Es la política local. Afrontar la tramitación del Plan Xeral de Ordenación Municipal (PXOM), gestionar con la Xunta una solución al mal funcionamiento de la depuradora o preparar un nuevo pliego de cláusulas para otro contrato del servicio de ayuda en el hogar son aspectos que ocuparán los próximos meses.

Desunión en el PP

El PP, por su parte, inicia su primera experiencia en la oposición municipal con Agustín Baamonde, candidato este año y alcalde en dos etapas, al frente del grupo municipal, aunque compartiendo esa función con la de diputado provincial. La unión interna de los populares, antaño firme, saltó por los aires en meses pasados, y sus tensiones para cerrar la lista y sus discrepancias internas fueron más que un secreto a voces. El comienzo de una nueva etapa para el PP en la patria chica de su fundador es algo que apremia.

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