La jueza de Vilalba dice que actuó sin retraso en un caso de perros en peligro en Xermade

La magistrada desconoce que la situación sea tan grave como hace 15 días: un individuo podría tener perros desnutridos o  ya muertos no abre la puerta


Lugo

El juzgado de Instrucción Número Uno de Vilalba, que dirige María Yanet Puga Pérez, aclaró ayer que en el caso de unos perros abandonados y en peligro de desnutrición en Lousada, Xermade, actuó al día siguiente y no se retrasó quince días. Según el departamento de prensa de los juzgados, a la jueza le fue solicitada una entrada en una casa de Lousada por la Consellería de Medio Ambiente en Lugo ante el peligro de muerte de perros, ya que el propietario los abandona y maltrata. La jueza denegó la entrada porque la madre del inquilino supuestamente maltratador permitía la entrada. Por tanto, la jueza consideró que si una copropietaria permite la entrada en la casa, no es necesario un mandamiento judicial.

Por otra parte, las mismas fuentes explicaron que esta jueza despachó el asunto al día siguiente de recibir la petición. Si llegó quince días más tarde a la Xunta en Lugo y durante ese tiempo no se pudo actuar, sería por un retraso inexplicable de Correos -envió el auto por correo certificado y con acuse de recibo- o por otra causa, pero la jueza asegura que lo tramitó al día siguiente de recibir la petición.

También explica el servicio de prensa que la jueza desconoce que la situación siga siendo tan grave como hace quince días: un individuo que puede tener perros desnutridos o ya muertos no abre la puerta. Y aunque su madre permite la entrada, las llaves de ella no funcionan y ni los agentes de la Xunta ni del Seprona pueden entrar a ver si los perros siguen vivos.

El juzgado de Vilalba asegura que respondió a una petición de entrada por maltrato animal al día siguiente

La Voz

El tema sigue sin resolverse por problemas técnicos relacionados con la cerradura de la casa

Los vecinos de Lousada, en Xermade, presentaron una denuncia por los sollozos de una perra que no podía entrar en una casa para amamantar a su camada. Para evitar el ruido, el propietario llevó a los cachorros a un invernadero abandonado y les colocó a su alrededor un pastor eléctrico para que la madre no se acercase a amamantarlos. Fue entonces cuando los ladridos de la madre y las quejas de los animales hambrientos se hicieron más evidentes. Desde entonces, los vecinos presentaron más denuncias. 

Los agentes se personaron días después en la casa y se llevaron a los cachorros. Sin embargo, no pudieron hacer nada por el otro animal que podría estar encerrado en la casa. El propietario había sido denunciado anteriormente por dejar morir a algunos cerdos en una parroquia cercana a Vilalba.

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