«Piden formación, no limosna»

Cáritas desarrolla en Vilalba un curso de español para inmigrantes, que está concebido para aumentar sus probabilidades de lograr integración y empleo


VILALBA / LA VOZ

Educación para integrarse y para hallar un empleo. Así puede resumirse el curso de español para inmigrantes que Cáritas puso en marcha en su sede de Vilalba hace varias semanas. Un total de 16 personas - 15 alumnas, que proceden de Marruecos, y un alumno, que nació en Senegal- asisten a las clases, que se imparten tres días por semana -lunes, miércoles y viernes, de diez a once y media de la mañana- en el local que la entidad tiene en la capital chairega. Todos los alumnos inscritos residen en el municipio vilalbés.

La explicación de la organización de este curso es expresada de modo claro y breve por Juan Pablo Alonso, sacerdote que coordina el trabajo de Cáritas en Vilalba. «Les hace falta», dice. Alonso recalca el avance de las clases, «sobre todo en integración», para quienes acuden. «Así sienten que hay un sitio para ellos», dice.

Las clases se llevan a cabo de un modo muy práctico. Repetir letras o palabras, incluso cantándolas a veces, son algunas de las tareas de cada día. En cambio, todavía, no se canta ninguna canción completa, porque, como explica el sacerdote, el conocimiento del idioma logrado por los alumnos no lo permite.

Por otro lado, el sacerdote subraya que buena parte de los maridos de las mujeres participantes en el curso tienen empleo, lo cual lo lleva a un comentario: «No asociemos pobreza con falta de educación». Así, recalca cuál es la aspiración de las personas que mejoran su conocimiento del español: «Están pidiendo formación, no limosna», dice.

Algunas de las alumnas acuden a las clases con sus bebés, que son atendidos en el mismo edificio mientras ellas están en el aula. Alonso aprovecha ese detalle para afirmar que el local precisa algunas mejoras: entre otras necesidades, cita la de una calefacción más potente, ya que ahora solo se dispone de varias estufas de butano. Pero también recuerda que un curso como este resulta útil y necesario para la población de Vilalba o de otros municipios, ya que los alumnos, al mejorar su dominio del idioma, podrán desempeñar trabajos en los que ahora hace falta personal. «Si no se forma mano de obra, no hay futuro», asegura.

Clama contra el «pan y circo», y lamenta que la gente esté solo pendiente de qué orquesta actuará en una fiesta. De todos modos, ese comentario teóricamente negativo va acompañado de anuncios con un contenido contrario. En primer lugar, admite que la celebración del curso ya es en sí misma una cuestión positiva. En segundo, aunque dependerá de las ayudas que se consigan, se prevé que las clases, que acabarán a finales de primavera, continúen el próximo curso con dos niveles, el de los que empiecen y el de los que ya acuden ahora.

«Estoy aquí para trabajar»

Saliou Fall tiene 30 años y leva seis meses en Vilalba, adonde llegó procedente de Senegal y en donde vive, desde hace años, un hermano suyo. Las clases de Cáritas, dice, son útiles «para hablar, para integrarse». En su país trabajaba de conductor de bus. De África a la Terra Chá hay cambios bastante evidentes: uno de ellos, dice riéndose, es el frío.

 -¿Habla más y mejor español desde que asiste a las clases?

-Sí, claro.

-¿Cree que pronto logrará un empleo?

-Puede que sí.

-¿Fue duro dejar su país?

-Estoy aquí para trabajar, para buscarme la vida. Tengo una familia que cuidar; mi madre está allí. [Su padre ya falleció].

-¿La gente lo ve como alguien raro?

-Normal [se ríe]. Es normal que la gente me mire así.

-¿Le gustaría trabajar aquí o preferiría irse a otro sitio?

-Me da igual, pero mejor aquí si se puede.

-¿Son difíciles las clases?

-No. Tenemos una profesora muy práctica.

 «Creo que el curso es fácil»

Jihan Hajjami tiene 27 años. Lleva siete residiendo en Vilalba, en donde su marido tiene trabajo. La familia procede de Fez. Su dominio del español aún no es amplio, y la conversación contó con el apoyo e una intérprete.

 Carece de empleo y conseguirlo es su mayor aspiración. Le gusta Vilalba, según traduce la intérprete cuando se le hace la pregunta, aunque también deja caer que esas probabilidades serían mayores en una localidad de más tamaño. Por otro lado, reconoce que las clases son útiles y eficaces y que su conocimiento del idioma es mayor desde que asiste. «Yo creo que el curso es fácil», dice. Desde que comenzó, ya aprendió números y letras.

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