Marino Peláez: «El fútbol me dio un amigo en cada puerto»

Considera un «lujo» que el Lugo esté en Segunda B y dice que lo mejor del fútbol son los amigos


lugo / la voz

Marino Peláez nació en Luarca, pero con 15 días ya lo trajeron a Lugo, la que es desde ese momento su ciudad. Formado desde niño en la inagotable cantera de la Comercial del añorado Neno, en su prolongada carrera tuvo oportunidad de demostrar su idilio con el gol con sus remates de nueve puro en varias etapas en Lugo y Vilalbés, Ribadeo para retirarse en O Incio y dar el salto a veteranos, jugando en el Hostelería hasta el 2005 cuando tuvo que abandonar el fútbol por una lesión.

-¿Cómo comenzó en el fútbol?

-Siempre me gustó y jugaba en el patio de los Franciscanos, que se veía perfectamente desde la muralla. Neno, un hombre que nunca se cansaba de ver fútbol, se fijó en mí y me propuso entrar en la Comercial.

-¿Qué recuerda de su etapa en la base?

-Teníamos un equipazo que nos llevó a lograr el título gallego infantil con Eduardo Fernández Abel como entrenador, algo que fue un hito en ese momento y que tuvo continuidad en el resto de categorías. Teníamos un pato como mascota, que alguien había comprado en una feria, y jugamos la final en el Roca de Vilalba.

-¿Mantiene relación con la gente con la que empezó?

-Por supuesto, el fútbol de antes suponía, sobre todo, generar amistades y yo siempre digo que tengo un amigo en cada puerto como dicen los marineros. De aquel equipo de niños todavía nos reunimos cuatro con nuestras familias a cenar una vez al mes y también tenemos un gurpo de Washap los que estuvimos con Julio Díaz en Lugo, además de mantener muy buena amistad con muchísima gente.

-¿Cambió mucho el fútbol?

-Por supuesto, antes todo eran penurias, desde cruzar todo Lugo para entrenar en un Polvorín de piedras y barro hasta ir en bus con el Lugo todos los días después de trabajar para entrenar desde el Ángel Carro al campo de Complesa. En material teníamos un balón para toda la temporada, para jugar partidos, y con los que entrenábamos eran una calamidad.

-¿Cuándo pensó que podía ser profesional del fútbol?

-Nunca, siempre me gustó pero cuando empecé a trabajar en Barras Eléctricas ya tenía claro que ese iba a ser mi futuro. Trabajar y entrenar durante tantos años era duro y complicado, sobre todo el Lugo en Segunda B. Para mí fue un reto llegar al Lugo, lo que me obligó a coger vacaciones coincidiendo con la pretemporada para poder hacerla.

-¿Cuáles son sus mejores recuerdos?

-El campeonato gallego infantil con la Comercial y los ascensos a Tercera con Vilalbés y Ribadeo.

-¿Es cierto que le quiso fichar el Deportivo?

-Sí, vinieron directivos a la oficina cuando jugaba en el Vilalbés y ellos hacían la pretemporada en Vilalba y le dijeron a mi padre que querían hablar conmigo. Me ofrecieron probar, pero les dije que no iba a dejar mi trabajo por una prueba, que si realmente me querían fichar lo pensaría, pero no haría una prueba.

-¿Cambió mucho el fútbol?

-Desde luego, ahora es muy mecanizado y antes el jugador tenía más libertad. Julio Díaz, un gran entrenador, fue el primero que dio importancia a la táctica. Recuerdo que en Eibar me dijo que iba a ser titular y pasé toda la noche casi sin dormir repasando la táctica. Al final marqué un gol y hice un partidazo.

-¿Le duele que se pierda la figura del nueve puro como era usted?

-Sin duda, pienso que los equipos necesitan de un jugador referencia que fije a los centrales y haga tantos. El fútbol son goles y si no se marcan este juego no es bonito.

-¿Qué le parece que el Lugo esté en Segunda A?

-Es un lujo para la ciudad y yo intento ir a todos los partidos. Es vital seguir en esta categoría y deberíamos de tener como ejemplo al Eibar, un equipo que hizo las cosas de maravilla en una ciudad con poca población.

-¿Cree que el fútbol tiene una duda con Díaz Souto?

-Por supuesto, la ciudad tiene una deuda con Neno y debería de pagársela de alguna forma, dándole nombre a un campo de fútbol o a un torneo.

-¿Nunca le atrajo entrenar?

-En absoluto y eso que saqué el título cuando estuve con Mouriz en la federación. Me gustó siempre jugar y ver partidos, aunque no soy muy fanático, pero el banquillo nunca me atrajo.

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