Cuando Vilalba soñaba con un parque playa para ser villa de veraneo

La mejora del entorno del Magdalena era vista hace 60 años como una forma de potenciar el turismo


VILALBa / LA VOZ

Un «hermoso campo de espléndido horizonte»; unas sierras que al norte tienen «inmensas praderas cubiertas de delicioso césped»; dos mercados semanales además de la feria y del feirón mensuales; un «bien surtido comercio» y una red viaria que acerca la localidad a otras zonas de Galicia. Situémonos 60 años atrás, y veamos en esos rasgos «alicientes y condiciones suficientes» para que Vilalba merezca el título de villa de veraneo.

Así lo escribía J. Pérez Yáñez en el libro de las fiestas patronales de 1958, aunque también admitía que a la localidad le hacía falta un parque playa para potenciar esa dimensión de lugar de ocio. Al autor, incluso, le parecía idóneo un determinado lugar, las márgenes fluviales entre O Rañego y Os Novos. La zona, escribía, se convertiría en «algo así como una playa alargada», que se aprovecharía de las «inmejorables condiciones» para ese fin y que incluso podría estar unida con el casco urbano por una pista, paralela a la carretera N-634.

Aunque resulte hoy una zona menos frecuentada que otras de los alrededores de la capital chairega, el entorno de Os Novos era usado por vecinos de la capital chairega como lugar de baño hace décadas. Ese espacio era elogiado por el autor del artículo por el «agua corriente y abundante» del Magdalena y por la «no menos límpida y pura» del Trimaz, que llega a esa zona procedente de Xermade.

Andando el siglo pasado, los escenarios de los baños fluviales de los vilalbeses fueron moviéndose aguas arriba, buscando también parajes del Magdalena. El entorno de Os Freires fue uno de ellos: el lugar donde se tomaban baños era conocido como praia da Lola, y en ese sitio había un caneiro. Otros aún remontaban un poco más e iban a bañarse a Lanzós.

Para los más atrevidos quedaba la posibilidad de bañarse en la zona conocida como veiga do Chente, aguas abajo de Os Freires. Pero lo que hace décadas era un escenario para bañistas más o menos intrépidos y un lugar más bien pantanoso es hoy precisamente el lugar donde se ha cumplido el sueño de tener un parque playa,

El 4 de septiembre de 1982, sábado, se inauguraba la playa fluvial de A Magdalena. El día elegido no era una fecha cualquiera sino el penúltimo de las fiestas de San Ramón. En la información que el 9 de septiembre de ese año publicó este periódico, firmada por Mar Ramil, se cuenta que la asistencia de público fue masiva, que muchos aprovecharon el buen tiempo para darse un chapuzón en el río y que por la tarde se celebraron competiciones de natación y de atletismo.

Las obras tuvieron un presupuesto de 75 millones de pesetas (451.000 euros), según la misma periodista escribió en una información publicada el 26 de agosto de ese año. La iniciativa, emprendida por el Concello, no solo fue ideada como una zona de baño en las márgenes fluviales sino que se construyeron instalaciones deportivas y servicios en el entorno. Hubo ayudas de otros organismos como la Diputación y el desaparecido Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (Iryda), que dependía del Ministerio de Agricultura.

Entre las carencias de la Vilalba de 1958 se citaba también la falta de hoteles. En 1967 se inauguró el Parador de Turismo, que dio nuevo uso la torre de los Andrade, quizá el mayor símbolo de Vilalba; y en la fortaleza se inspira el parque acuático, que se inauguró la pasada década como nuevo servicio de una zona de ocio que hoy frecuentan vilalbeses y forasteros.

El área recreativa se inauguró en 1982, durante las fiestas patronales de la localidad

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