Una ruina también vale para mostrar la historia a visitantes

La divulgación no depende solo de la inversión económica, recalca el director del Museo de Vilalba


VILALBA / LA VOZ

Casos como el de la torre de Caldaloba o la de Parga aparecen periódicamente en el primer plano de la actualidad -sobre la primera se centró, anteayer, una propuesta del BNG en el Parlamento gallego-, aunque sin avances en su estado ni debates que concreten usos para las construcciones una vez restauradas. Frente a las voces que demandan inversiones como paso imprescindible para disfrutar del patrimonio, Eduardo Ramil, director del Museo de Prehistoria e Arqueoloxía de Vilalba (Mupav), afirma que conocer y disfrutar del pasado no es solo un paso que se pueda dar como consecuencia de obras de envergadura.

¿Se considera igual la ruina de un edificio que la de un bien patrimonial?

No. La ruina de un edificio puede ser tanto técnica -hay amenaza de derrumbe- como económica -el coste de las obras necesarias excede el valor del inmueble-. Pero Ramil subraya que aplicar esos criterios no tiene lógica en el ámbito del patrimonio, ya que así buena parte de los elementos serían catalogados como ruinas económicas. El valor cultural, añade, siempre está presente en estos casos aunque no siempre se tenga en cuenta.

¿Qué se debe hacer en un bien patrimonial próximo a la ruina?

En primer lugar, afirma Ramil, hay que evaluar el estado del edificio y saber qué intervención se pretende realizar, sin olvidar el diseño de un plan de usos culturales. En el caso de la torre de Caldaloba, por ejemplo, bastaría con una intervención mínima: contener muros con riesgo de caída, afianzar estructuras, frenar patologías, hacer la construcción accesible y colocar algún tipo de información serían medidas suficientes. Lo que, en opinión del director del museo vilalbés, no tendría sentido sería instalar unas escaleras interiores o proyectar un centro de estudios medievales porque no hay espacio y porque se plantearía la duda de quién se encargaría de abrir y de cerrar. Una torre como la de Caldaloba puede ofrecer información de su pasado incluso con su estado actual, recalca Ramil.

 ¿Qué papel deben jugar los ayuntamientos en estos casos?

Tienen protagonismo a pesar de que un edificio, por su valor, esté catalogado como Bien de Interés Cultural. Un Plan Xeral de Ordenación Municipal (PXOM) puede especificar los usos del entorno: habilitar una zona de aparcamiento próxima o evitar contenedores de basura al lado o construcciones agresivas cerca son medidas convenientes.

 ¿Qué función corresponde a dueños de bienes patrimoniales?

El poseedor de un elemento patrimonial tiene el deber de conservación y custodia, según se recoge en legislación estatal de los años ochenta y en legislación autonómica posterior. Si el dueño alega carecer de fondos, una administración puede aportarlos aunque, agrega Ramil, estableciendo a cambio un plan de visitas.

 ¿Por qué no hay costumbre de visitar ruinas?

Hay, dice Ramil, una tendencia a identificar ruinas con lugares cubiertos de maleza; no obstante, añade, algunos lugares en ruinas, como el monasterio coruñés de Monfero, fueron visitados durante años. Para Ramil, más que falta de costumbre de visitar ruinas hay falta de datos que en el lugar en cuestión ayuden a entenderlo, cuestión que él ve susceptible de corregir sin una intervención costosa. «No hace falta tanto cemento ni tanta piedra. En Escocia y en Inglaterra, desde hace más de un siglo, se está yendo a ver ruinas consolidadas», sostiene. Lo imprescindible, recalca, es que los lugares sean accesibles y estén estabilizados.

 ¿Debe servir una intervención para que un bien parezca nuevo?

No. Además Ramil introduce la posibilidad de utilizar las nuevas tecnologías para que las visitas a un lugar y para que la información que se ofrece sean más completas, con la elaboración de recreaciones y con la redacción de textos que pueden descargarse en una aplicación de telefonía móvil. Lo básico, insiste, es un plan previo, sobre qué se quiere hacer y cómo hacerlo. «No hay que pensar en obras de ingeniería; es museología», apunta.

Posibilidad de tener más restos como otro aliciente

La torre de Caldaloba (Cospeito), cuyo origen parece anterior al siglo XIV, tiene en su base fosos que hacen pensar en la presencia de un castro anterior. La de Parga, que también parece datar del siglo XIV, se levanta, según ciertos textos, sobre otro castro. Las dos comparten su condición de estar en manos privadas. Sobre la primera presentó, anteayer, el BNG una propuesta parlamentaria parra afrontar su recuperación, que el PP rechazó.

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