El Camino Francés cambia con Internet

Desde el primer Xacobeo en el 93, la forma de peregrinar ha evolucionado mucho, atrás queda la guerra sucia entre los negocios del Camino para atraer caminantes porque ahora reservan albergue a través de la Red

El número de peregrinos que cada año elige el Camino Francés como ruta para llegar a Santiago no para de crecer según los datos oficiales. En los seis primeros meses de este año fueron 78.774 los que escogieron este trayecto. Son algo más de siete mil más de los que lo hicieron el año pasado por estas fechas (71.660) y casi quince mil más que en el 2010, el último año santo (64.469).

Aunque los datos parecen contradecirlo, en lugares como Sarria, principal punto de partida de los que peregrinan a Santiago, cunde la idea de que cada año, y este verano en concreto, hay menos peregrinos. Esta visión la comparten sobre todo en albergues y establecimientos de hostelería del casco viejo, como el propietario del bar Escalinata, casi frente al albergue público de Sarria, que lo achaca a la cercanía del año santo. «Eu xa vivín tres xacobeos e sempre é igual, este haberá unha baixada de xente, pero subirá para o que vén, e no ano santo e para o 2022», asegura.

Unos metros más arriba, en un albergue de la Rúa Maior, la explicación que dan coincide un poco más con los datos: «Son muchos, pero somos muchos», sentencian. «Hace diez años solo había el albergue público y uno privado, ahora somos 43, a lo que tienes que sumar hoteles, pensiones, casas de turismo rural y las casas y pisos de alquiler turístico… Hay muchos peregrinos, pero también hay mucha oferta y ya no está concentrada aquí alrededor del albergue público, entonces da esa sensación», asegura el responsable.

Esta opinión la comparten en Tee Travel, una agencia gallega de viajes especializada en el Camino de Santiago organizado, donde aseguran que el crecimiento es constante, pero que cada vez son más peregrinos los que quieren «algo más que una cama en una litera», y eso hace que se hospeden en otro tipo de alojamientos que no necesariamente están en el centro de la villa.

«Guerra sucia»

Pese al aumento de la oferta de camas y a que según Jorge López, presidente de la Asociación de Amigos do Camiño na Comarca de Sarria, la ocupación media rara vez llega al 70 %, los albergueros reconocen que han desaparecido muchos de los problemas de antaño por captar peregrinos. Atrás quedaron los tiempos de «guerra sucia» en los que se cambiaba la señalización para desviar a los caminantes y beneficiar a determinadas zonas o establecimientos, se iba a buscar a los peregrinos al camino o se llenaban los últimos kilómetros de las etapas de carteles y folletos publicitarios. Según parece, Internet ha traído algo de paz al sector.

«Un 90 %, en caso de no haber reservado al preparar la ruta, lo hacen en la etapa anterior o durante la ruta. No esperan a llegar»

Excepto quienes se deciden a utilizar albergues públicos, que no aceptan reservas, «el 90 % si no reservaron cuando prepararon el viaje, lo hacen en la etapa anterior o ese mismo día en ruta», afirma la responsable de un albergue en Vigo de Sarria.

Según una trabajadora del albergue público de Palas de Rei, esto también beneficia a los que se deciden por los centros de la Xunta, ya que al ser menos los que se arriesgan a viajar sin reserva, la posibilidad de conseguir plaza es mayor. Lo corrobora Maite, una peregrina de Jaén que viaja con otros siete compañeros. Han salido de Sarria y acaban de registrarse en Palas. En los tres días de viaje ninguno ha tenido problema para conseguir acomodo en uno de los albergues públicos en los que se hospedan por una cuestión exclusivamente de precio.

Pero si algo ha cambiado Internet en el Camino es, según Jorge López, el trato al peregrino. «Agora tratan ao peregrino como a un máis, non o ven como unha moeda andante», admite. La popularidad de las plataformas de opinión ha hecho que los viajeros decidan dónde dormir, comer y qué ver en base a lo que opina la comunidad internauta y «eso fai que quen máis e quen menos se coide de non levar unha mala valoración», según López.

«Es muy complicado mantener los baños públicos. No puedes ponerlos para luego no mantenerlos limpios»

 

Baños públicos y fuentes, las demandas de los peregrinos

El Camino de Santiago es una experiencia que registra cada vez más peregrinos, que con los años han ido cambiando sus demandas.

El responsable de uno de los albergues más veteranos de Sarria dice que a la hora de hablar de necesidades hay que diferenciar entre peregrinos y viajeros. Los primeros, «esos que caminan cientos de kilómetros, se conforman con lo básico, y saben qué es el camino», dice. Mientras que los otros «vienen de vacaciones y quieren ciertas comodidades». Aunque peregrinos, viajeros y también los albergueros coinciden en varias demandas: baños públicos, fuentes cada ciertos kilómetros y la correcta limpieza del camino.

Pilar, del albergue A paso de formiga de Portos, en Palas de Rei, reconoce que «es muy complicado lo de los baños. No puedes ponerlos y luego no mantenerlos limpios, pero si aquí se quejan de algo, es de eso».

Burbuja de albergues

Hosteleros y albergueros también tienen las suyas propias. La principal, «los pisos y albergues pirata que acogen a peregrinos, sin pagar impuestos y sin ningún tipo de control sanitario ni fiscal», señalan desde la Asociación de Amigos do Camiño.

Algunos empresarios del sector también se quejan de la «ligereza» con la que se están concediendo nuevas licencias y alertan de que en Sarria, Portomarín o Palas de Rei ya hay más oferta que demanda, con lo que «se está creando una burbuja que va a acabar con una guerra de precios que repercutirá en el servicio y en el cierre locales», asegura el propietario de uno de los albergues más grandes de Sarria.

Lo peor

Según algunos peregrinos lo peor del Camino es la pérdida de la esencia propia de la ruta. David Nagore salió de Saint-Jean Pied de Port, a más de 700 kilómetros de Galicia y esta es la tercera vez que peregrina «porque me sienta bien, me sirve para relajarme, pensar...», dice. A su paso por Ferreiros, en Paradela, cuenta con cierto disgusto que «el Camino está cada vez más saturado. Sobre todo en Galicia». Es consciente de las fechas y dice agradecer encontrarse con gente con la que acaba incluso haciendo amistad, pero que «otra cosa son esos grupos de veinte, treinta, cincuenta o más que van….», asegura con gesto de desaprobación. «Eso no es el Camino», afirma.

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