«En el momento del evento no quiero contar la historia, quiero capturarla»

La fotógrafa sarriana, digna heredera de la saga familiar, colecciona premios por sus trabajos nupciales


LUGO / LA VOZ

El viejo estudio de fotografía de su abuelo en Sarria, en el que también trabajaba su padre, sirvió de patio de juegos a Reyes Fernández (Sarria, 1987). Con cinco años su hermana y ella se llevaron a una excursión una cámara desechable. Cuando su padre reveló el carrete, vio como sus imágenes estaban perfectamente enfocadas, con buenos encuadres. Había madera. El día que celebró la primera comunión le regalaron su primera cámara y durante la adolescencia comenzó a trastear en el mundo de los programas de edición. Hoy, a sus 31 años, puede presumir de que varias de sus fotografías de boda han sido premiadas en prestigiosos concursos.

-El oficio lo aprendió en casa.

-Realmente mi maestro fue mi padre, él me enseñó los conceptos básicos, la técnica, el manejo de las luces… Pero a partir de ahí fui bastante autodidacta, leyendo y practicando mucho. La mejor escuela es salir a la calle y disparar hasta conseguir la foto que quieres. En los últimos años he asistido a numerosos talleres de fotógrafos a los que admiro.

-Se le reconoce sobre todo por sus reportajes de bodas. ¿Cómo se adentró en ese mundo?

-Mis primeros pasos fueron como videógrafa, mi padre realizaba las fotografías y yo me encargaba de la grabación y edición del vídeo. Cuando me compré mi primera cámara réflex, hará unos cinco años, me di cuenta de lo que realmente me gustaba era la fotografía, y llevo tres años realizando reportajes fotográficos nupciales.

-Y en tres años, varios premios.

-Fue el año pasado cuando me presenté por primera vez a un concurso. Elegí, sin esperanza alguna, el prestigioso certamen nacional UNIONWEP, que galardona el trabajo de los mejores profesionales del país en la fotografía de boda. Los jurados son fotógrafos nacionales e internacionales de alto renombre. Para mi sorpresa me premiaron dos fotografías entre las mejores del 2017. Este año probé suerte de nuevo y me premiaron cuatro. ¡No me lo podía creer!. También me animé a otro certamen, el Black&White Child Photo Competition, que premia las mejores imágenes infantiles en blanco y negro tomadas en todo el mundo. Sin dar crédito, me habían otorgado una mención de honor en la categoría de retratos con una fotografía captada en un viaje a Marruecos.

-¿Qué supone que la premien por su trabajo?

-Lo importante es el reconocimiento, realmente eso es lo bonito, que tu trabajo sea valorado por un jurado de profesionales nacionales e internacionales. Es un chute de motivación para seguir trabajando con más ilusión, si cabe, cada día.

-¿Qué cree que distingue sus trabajos nupciales?

-Es algo que me sale de forma natural, casi nada de lo que hago tiene una intención muy clara desde el principio, soy mucho de improvisar y de dejarme llevar por lo que veo en el momento y lo que me dan las parejas. Pienso que realmente lo que distingue a unos fotógrafos y a otros es la forma de mirar que tenemos cada uno. Creo que definiría un poco mi estilo entre una mezcla de retrato, paisaje y fotoperiodismo. Para hacer un buen trabajo en este sector, lo principal es que te guste de verdad, empatizar con las personas y capturar hasta el más mínimo detalle, esos pequeños detalles que cuentan grandes cosas. En el momento del evento no quiero contar la historia, quiero capturarla.

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