Las cigüeñas desahuciadas de Sarria

Una grúa retiró ayer el que fue hogar de una pareja de aves que había quedado sobre una grúa de obra abandonada

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m. c.
lugo / la voz

Hace un mes que una pareja de cigüeñas sarrianas ha emprendido su viaje de regreso hacia una latitud más cálida y fue ayer cuando Concello y vecinos cumplieron un propósito común: quitar una grúa que llevaba más de doce años anclada en la localidad. El mantenimiento era nulo y, tras muchas reclamaciones, el objetivo parecía estar cada vez más cerca. Pero la grúa se había convertido en el hogar de una pareja de aves que estaba convencida de querer formar una familia sobre el contrapeso de la pluma.

Grandes dimensiones

El trabajo para retirar el pajarero duró un buen rato y es que las casas de estas aves son de grandes dimensiones y pueden alcanzar los 600 kilogramos. Tras enlazar el contrapeso de la grúa y el ponedero con una eslinga que a su vez colgaba de otra pluma, los trabajadores procedieron a la retirada. Esta vez las zancudas tendrán que volver a iniciar sus obras para estrenar una nueva casa.

Pero no todo es llano y liso para las aves y es que la proliferación de torres de alta tensión y los pesticidas empleados en algunos campos son factores dañinos para las cigüeñas, y a menudo representan un serio ataque para ellas, sin olvidar que son una especie protegida.

Las ranas son una víctima mortal de las aves, que también se alimentan de culebras, lagartos, ratones e incluso polluelos y por eso cada vez es menos frecuente escuchar las croas de los anfibios en las charcas gallegas.

Un problema creciente

El hecho de que las cigüeñas aniden en las grúas es un problema que crece a la par que lo hace la población de aves y que supone un gran coste para el constructor, que tiene que paralizar la obra y, a menudo, seguir palanzo el alquiler de la pluma. No se permite la retirada de los nidos en época de cría y hay que esperar a que las zancudas migren.

Sin embargo, las musas de cientos de cuentos que inspiran ya han emprendido su viaje de regreso. Algunas cruzan el Estrecho y otras se quedan en arrozales y basureros de la península. No deja de ser sorprendente el ciclo natural de estos animales, aunque cada vez sean menos los niños que las acusan de traer bebés de París.

El nido de las aves ya había quedado vacío y por eso se autorizó su retirada

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