Eel pasado lunes comenzaron a prestar servicio ferroviario dos nuevos trenes en cada sentido entre las ciudades de Lugo y Ourense. Su finalidad principal es incrementar las frecuencias diarias entre nuestra ciudad y la de las Burgas, que también nos sirve como puente para ir a Madrid, con lo que se incrementan las conexiones, hasta hace unos dí­as limitadas a una diurna y a un tren hotel nocturno.

Salí de Lugo, como estaba programado, a las cuatro de la tarde en un tren de media distancia de dos vagones en perfecto estado de limpieza. Solo cuatro viajeros en su interior. La razón posible, falta de publicidad y el primer dí­a en servicio. Hasta Ourense el convoy realiza paradas muy cortas, de aproximadamente un minuto en Sarria y Monforte. En esta última estación se incorporaron unos cinco viajeros.

A las paradas programadas se añadió una técnica en Os Peares para facilitar el cruce con otro tren en sentido contrario. Todo este primer tramo del viaje presenta el trazado de toda la vida, con las mejoras de mantenimiento correspondientes pero siguiendo el trazado que de niño recorrí­ cientos de veces. Paisajes rurales, viñedos, cauces fluviales, aldeas semiabandonadas. Poco de novedad.

Llegamos a Ourense a las 17.42 horas, con unos siete minutos de retraso sobre el horario programado. Bajamos al andén y nos unimos a los numerosos viajeros que aguardan al Alvia que, procedente de Pontevedra y con destino a Madrid, tiene prevista su salida a las seis menos cinco. Muchos proceden de Santiago o de A Coruña, que acaban de llegar en otro tren y, al igual que los procedentes de Lugo, realizan transbordo aquí­.

Al mismo tiempo que entraba mi tren en Ourense lo hacia el Alvia procedente de Madrid y con destino a Lugo. La estación rezuma vida en pasajeros y trenes. Me recuerda al Monforte de Lemos de mi infancia.

Retrasos

Salimos de Ourense con cinco minutos de retraso, a las seis, y el tren adquiere una velocidad aparentemente mayor que la que traíamos hasta Ourense, pero el panel indicador no rebasa en ningún momento los 104 kilómetros por hora. Hasta llegar a Zamora desde la ventana se aprecian muchos movimientos de camiones y obras en la nueva línea de alta velocidad entre esa capital castellana y Ourense. Mucho movimiento que, sin duda, es riqueza para la comarca hasta que terminen en el plazo previsto del 2018.

Desde que superamos el túnel de Lubián y descendemos hacia Zamora la velocidad en ocasiones llega a los 124 kilómetros por hora.

Son las 21.09 horas y entramos en Zamora. Hace cinco horas que salí de Lugo. Desde esta estación, la velocidad crece nuevamente y ahora alcanza los 195 kilómetros. Entramos en una liga diferente.

Después de abandonar Medina del Campo y superar Olmedo, accedemos a la lí­nea de alta velocidad que permite que el tren circule a 248, que comparados a los 90 iniciales nos da una muestra clara de lo que nos queda todavía por superar.

Una vez pasada Segovia, a las 22.17 horas, entramos en la estación de Madrid-Chamartín a la hora prevista, las once menos cuarto de la noche.

Los inconvenientes

El viaje ha sido más largo que en coche, como conocía de antemano. La puntualidad y calidad del servicio no se puede criticar, al menos en este viaje. La tranquilidad y confort interior tampoco son problema, pero tengo que poner algunos inconvenientes.

El cambio de tren en Ourense obliga a esperar en un andén que, aunque cubierto, no protege de las inclemencias meteorológicas del frío o calor de cada estación. Las indicaciones sobre numeración y estacionamiento de los coches del tren en espera tampoco quedan claras. Por ello sería deseable que Renfe estudiase la posible reducción del tiempo de espera a un máximo de siete minutos, ajustando los horarios.

Es necesario que la operadora revise las tarifas de estos trenes para ser competitivos con el autobús al que ya prácticamente iguala, e incluso supera con algunas opciones, en tiempos de viaje.

No podemos pensar en que ya tenemos buenas conexiones, pero sí­ que tenemos más oportunidades, más opciones de horarios. Tenemos la opción de aprovechar la mitad de la jornada en Lugo o en Madrid y no la de partir ambas como hasta ahora ocurría.

En definitiva, hemos mejorado en frecuencias, lo que quiere decir en nuevas oportunidades. Hay que mejorar el márketing y las campañas promocionales para su conocimiento general y utilización adecuada, lo que beneficiara la cuenta de resultados de Renfe y permitiría a los usuarios ir solicitando paulatinamente nuevas frecuencias y mejores enlaces.

Lugo y su provincia siguen lejos de las lí­neas ferroviarias modernas. Los trenes puestos en marcha en las primeras horas de la mañana del pasado lunes, no son la solución pero sí ayudan mientras las nuevas infraestructuras no llegan. Son un paso en la dirección de evitar el descuelgue de nuestra provincia del mapa ferroviario. ¿Podemos hacer más? Por supuesto que sí­. Pero será bueno que lo hagamos con conocimiento del problema, aparcando las manipulaciones y los planteamientos maximalistas, exigiendo con rigor y conciencia de las limitaciones a la hora de valorar las soluciones ofrecidas. Si hoy siguiese vigente aquel anuncio que decía Papá ven en tren, hoy papá lo tendría algo más fácil. Yo regresaré hoy (por ayer) a Lugo en el tren hotel.

Por Joaquín García Díez Diputado del Partido Popular

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Papá lo tendría hoy más fácil para ir en tren