El alquimista de Samos que sigue con el legado de su padre: «Trabajo con los minerales que extraigo de la montaña de Lugo»

Uxía Carrera Fernández
UXÍA CARRERA SAMOS / LA VOZ

SAMOS

Armibhe Bello da continuidad a La Casa del Alquimista y practica terapias alternativas

26 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Antonio Bello, el alquimista de Samos, nació en Galicia en 1945, se mudó un tiempo a Fuerteventura y hace 30 años regresó a su tierra natal para cuidar a sus padres. Mientras, creó una galería en la pequeña aldea de Lousada con sus cuadros hechos con minerales. La suya fue «La Casa del Alquimista». Hace un año, Antonio Bello falleció, pero su viaje no terminó: su hijo Armiche continúa sus pasos e incluso emprende nuevas rutas. El «medio canario medio gallego» vivía en Fuerteventura hasta hace siete años, cuando se mudó a Galicia para cuidar de su padre después de que sufriera un infarto. El mismo motivo que 30 años atrás sacó a Antonio de Canarias. Desde entonces, los cuadros expuestos comenzaron a mezclarse con los trazos anchos de Antonio y el estilo más fino de Armiche, que también practica la técnica artesanal que empleaba su padre. La diferencia es que Antonio fue un autodidacta, pero su hijo contó con un gran maestro.

Armiche coge su mochila, su martillo y se va a buscar minerales a las montañas gallegas, aprovechando que es una tierra «riquísima y muy mineralizada», después lo pica manualmente y lo transforma en polvo, que es lo que pega en el lienzo. Compone así cuadros muy vivos e inspirados en la naturaleza. «Los minerales tienen vida, se descomponen, se transforman y guardan el color que tienen desde hace millones y millones de año», explica con pasión Armiche. Su conexión con la naturaleza es tal que conoce a la perfección a un golpe de vista dónde está el mineral, dónde es más probable que «florezca» —por ejemplo, cerca de una carretera recién hecha— y cuáles son sus «energías». «Es muy complicado que me pueda inspirar en la ciudad», dice convencido. Por eso vive en la aldea, «aunque sea solitario» y sobre ella hace los cuadros. «Montaña, sol, río, el cielo sin nubes con la vía láctea... son las constantes en mis obras».

«En Fuerteventura, saber que vivía en una isla me hacía sentir limitado, aquí lo que me queda por descubrir no tiene fin»

Para buscar minerales e inspiración, Armiche viaja asiduamente por la comunidad, especialmente por O Courel. El último sitio que descubrió fue la montaña de A Fonsagrada y volvió cargado de ideas. Todos los materiales que recoge los acumula en un «almacén», un círculo de minerales en el exterior de su casa, y después pasan a su taller, donde destacan las decenas de vasos con polvo mineral, todos de un color distinto y alguno tan fuerte que parece artificial. En la galería llama la atención un cuadro totalmente distinto: un retrato de Antonio. Su hijo lo conserva como homenaje y por el «orgullo» de continuar con un trabajo que le interesa tanto.