Repollo «premium» en Riotorto

Javier Miranda es un ejemplo de que en el municipio se cultivan hortalizas que en pocas horas llegan al lugar de destino


VILALBA / LA VOZ

Javier Miranda vio, en la comunidad de Murcia, una finca de más de 500 hectáreas dedicada solo a lechugas. La imagen resulta inimaginable en Galicia en general y en un municipio como Riotorto en particular, con un relieve más bien abrupto. Todas sus fincas, situadas en varias parroquias del municipio riotortense así como en otras de Pol y de Castro de Rei, suman unas 50 hectáreas, pero son en total 29 parcelas.

Aunque la diferencia de extensión sea evidente, Miranda no se siente acomplejado ni envidioso. «Hai que centrarse en producir e non ir a todo», dice. Quien vea sus repollos difícilmente se acordará de grandes extensiones y sí, en cambio, se dejará impresionar por el aspecto de la verdura. Miranda no cree que la diferencia entre un producto y otro esté en la superficie donde se haya cultivado; pero destaca que el poco tiempo pasado en el traslado ofrece unas indudables garantías al consumidor.

«O de fóra vén nun camión e pasa un día no transporte. O de aquí, en poucas horas, xa vai da terra ao vendedor», explica. Con ese sistema, detalla, las hortalizas que cultiva tienen como destino diversos lugares de Galicia pero también Oviedo o Gijón. Poco espacio queda para la improvisación: «Todo é por planificación, faise baixo pedido», afirma.

Los problemas derivados dela polilla guatemalteca, que han supuesto la prohibición de plantar patatas durante varios años en una amplia franja del norte gallego, se notan también en este municipio. Miranda alternaba patata y repollo: la cosecha del tubérculo se iniciaba en marzo, terminaba a finales de julio y dejaba además el terreno preparado para el repollo, cuyo ciclo solía iniciarse en la segunda quincena de agosto. Ahora, desaparecida temporalmente la patata de las fincas de labor, su puesto ha sido ocupado por la faba verdina.

La mención a los ciclos de los productos tiene su importancia. «Baixo o meu punto de vista, debéranse respectar as estacións dos produtos. Comer o de cada época é san», dice Miranda, para quien no resulta normal ver cerezas en las tiendas cuando el invierno apenas ha llegado a su ecuador. De todos modos, admite que si el consumidor se acaba adaptando a esas costumbres y las adopta, de poco vale remar contra la corriente. «Hai que estar no mercado, non ir contra el», advierte este empresario.

Un último vistazo a sus repollos y a su brillante aspecto hacer pensar que todos los cuidados son pocos. Miranda dice que todos los cultivos requieren un cierto mimo, ya que un giro imprevisto del tiempo hace que una buena cosecha desaparezca en cuestión de horas.

«Hai mercado para todo, o barato e o caro. Hai que saber atopalo»

Miranda no vende a grandes cadenas, porque, explica, suelen pedir exclusividad a los proveedores con los que trabajan. De todos modos, no cree que eso suponga un gran inconveniente. «Hai mercado para todo, o barato e o caro. Hai que saber atopalo», afirma. La diferencia que hay entre un producto y otro debe estar bien marcada por la calidad.

Recordando productos como el del gran terreno que vio en Murcia, subraya: «A leituga de alí é moi rica porque non probaron a de aquí», destaca. Coliflor, brécol, judía y guisante son otros de los productos que cultiva. El repollo es de varias clases: «O que pide o mercado», explica. Ahora, agrega, también se percibe demanda de romanesco, una verdura que se parece al brécol y a la coliflor: «Son modas», opina.

Reparos al empleo de la etiqueta ecológica

Los productos que cultiva Miranda se abonan con estiércol y con purín, aunque también reciben un aporte de nutrientes minerales. El método parece alejado de grandes procesos industriales, aunque él pone ciertos reparos al sello ecológico. «Cando sexa sustentable e o mercado pague o prezo que hai que pagar, vereino normal», sostiene. Lo que sí descarta es aumentar los cultivos porque sí. «Non se pode producir ao tolo», sostiene.

Un conocedor del mundo rural que está convencido de que en el campo hay futuro  

Miranda tiene la sede de su empresa en una zona rural -el barrio de A Ferraría, perteneciente a la parroquia de Santa Marta de Meilán-, pero además creció en contacto directo con el sector agropecuario, puesto que en su casa había una explotación de ganado vacuno. Ese conocimiento lo lleva a explicar que en el mundo rural puede haber porvenir. «No campo hai futuro, e futuro pode haber en todo», dice.

La creación de valor añadido en los productos, tantas veces citada como una prioridad cuando se habla del ganado vacuno de leche, también es un horizonte que se puede contemplar en una actividad como la agricultura. Miranda cuenta que en Mallorca, por ejemplo, se consume bastante chucrut, un plato de la cocina centroeuropea que tiene el repollo entre sus ingredientes y cuyo consumo en Baleares puede estar relacionado con el turismo. Él no cierra la puerta a ensayar esa experiencia, aunque sin abandonar una cierta prudencia. «Que se necesita? Ter tempo e interesarte. O caso é ter as ideas», subraya.

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