La gloria en un plato de caldo

Un negocio situado en una aldea de A Órrea, en Riotorto atrae a comensales de toda España


vilalba / la voz

El reloj no marca aún las doce del mediodía, y Montse Castiñeira se mueve por la cocina con el ritmo ágil de un director de orquesta que dirige un ensayo. El cazo y la espumadera son sus batutas, necesarias para que la sinfonía de platos resulte del agrado del público. Aunque de las ollas sale algún sonido, más decisiva parece en este caso la prueba del olfato: los guisos van camino de formar una acertada composición.

Que una casa de comidas situada en una zona rural como A Órrea (Riotorto) haya logrado notable fama podrá explicarse por su situación, junto a la N-640, o por el boca a boca transmitido de unos clientes a otros. Pero seguramente la cercanía a una carretera nacional y la cadena de comentarios favorables no habrían llegado si el prestigio no se hubiese basado en una comida casera y tradicional.

Caldo con verdura que varía según las épocas -repollo ahora, grelos en otros meses-, carne asada o fabas con almejas son algunos de los platos que ya se están preparando mientras la barra se sirven cafés de media mañana. El café es de pota y «gusta moito», comenta Montse Castiñeira mientras está pendiente de las ollas, saluda a clientes llamando a todos por su nombre, pela patatas con una admirable mezcla de rapidez y habilidad y conversa con el autor de esta información.

«Á xente gústalle comer como na casa», explica la responsable del local, que parece ejercer su papel con satisfacción: «Gústame cociñar, gústame o trato coa xente...». Los dos detalles se notan nada más llegar al local, en donde la cercanía entre los comensales y con la cocina es evidente. «O máis bonito é cando a xente se levanta e xa pensa en volver», afirma. ¿Y qué es lo bonito para los clientes? «A xente -asegura- aprecia a comida e o trato». En ese trato va incluida una atención detallada: «A xente agradece que te preocupes, que se comen, que se non comen...».

Parece raro que de un restaurante gallego se salga sin haber comido o tras haber comido poco. Por A Taberna de Montse pasa gente de toda España, y este verano se ha caracterizado por clientes de Andalucía. ¿Gusta el caldo a los habituados al gazpacho? Parece que sí: «O que che din é: ‘Ustedes, aquí, comen mucho’. Pero eles tamén comen», subraya.

¿Hay, pues, algo mejor que un plato de caldo? «Para min, non», explica la cocinera, ejecutiva y relaciones públicas del local, que de todos modos añade un matiz; «Un cocido tampouco está mal». La clave debe estar en el amor al oficio, que ella complementa con algo cercano a eso que los expertos en márketing definen como trazabilidad. En A Órrea y en otras muchas zonas, con más sencillez, consiste en el uso de productos cercanos: por un lado, de la huerta propia llegan cebolloas o pimientos; por otro, se crían cerdos «e algún xato tamén». Si la producción no alcanza, se compra materia prima en los alrededores.

¿Hay algún secreto en la cocina? «Eu creo que é unha suma de todo. Todo é importante», manifiesta. ¿Y es duro el oficio? «É traballoso», afirma.

Origen. El negocio abrió sus puertas hace unos 70 años. Era conocido como la Casa de Xanuco.

Evolución. Los abuelos y el padre de Montse Carballeira se ocuparon del negocio durante décadas, y ella tomó el relevo.

Cambios. Antes, al otro lado de la carretera N-640, había un negocio similar. Ahora, en cambio, solo queda abierto este.

Hortalizas y carnes de producción propia forman parte de la materia prima usada en el local

Los andaluces le dicen que en Galicia se come mucho, pero valoran la comida de aquí

Posibilidad de futuro, pero con una pérdida de población «que mete medo»

Unos 20 kilómetros separan Meira de A Pontenova por la carretera N-640, con una media de una taberna cada diez kilómetros. Entre ambas localidades quedan esta y una que resiste en Xudán, parroquia del municipio pontenovés. Montse Castiñeira cree que en una zona rural puede haber aún futuro, pero sin mensajes triunfalistas. «Hai quen abre e ten moita xente o primeiro ano. O caso é aguantar», afirma. En esa resistencia no viene mal algo que tanto puede ser vocación como capacidad de adaptación: «Se non che gusta o que fas, estás fastidiado, moi fastidiado», recalca. Ella no parece estar en ese grupo de disgustados, pues asegura que «facer de comer é unha alegría».

De todos modos, no olvida una realidad. «O problema de todo isto é o despoboamento, que mete medo», sostiene.

«Se non estás nas redes, non existes; pero o primeiro Internet foron os camioneiros»

Montse Castiñeira admite que no solo el boca a boca ha contribuido a extender la fama de su local y que el uso de Internet y de redes sociales es una necesidad cotidiana. «Se non estás nas redes non existes; pero o primeiro Internet foron os camioneiros», dice. El comentario parece compartir claramente la idea de que los camiones aparcados junto a un restaurante indican que el negocio ofrece una buena relación calidad-precio. En este caso, además, las paradas de camioneros se producen también a media mañana, cuando sienta bien un café -de pota, dígase una vez más-.

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