Tres años de autovía casi tan intensos como tres décadas

XOSÉ MARÍA PALAC IOS VILALBA / LA VOZ

RIOTORTO

ALBERTO LÓPEZ

La transcantábrica lleva envuelta en asuntos relacionados con problemas desde antes de su inauguración

02 feb 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Mañana se cumplen tres años de la inauguración de los dos tramos (Mondoñedo-Lindín y Lindín-Carreira) que completaron el trazado de la A-8 en Galicia. Así se cerraba una historia, la de las dificultades de conexión del norte de España por la vieja N-634; pero se abría otra, no solo porque el tráfico podría circular con más comodidad y con más rapidez sino porque diversos problemas pronto se pondrían de manifiesto, aunque algunos ya se mostraron en el mismo momento de la inauguración.

Mientras las autoridades -con Ana Pastor, entonces ministra de Fomento, a la cabeza- empezaban a llegar a la carpa instalada en la bajada de O Fiouco a A Xesta para acoger los discursos, en la rotonda de acceso de ese lugar tenía lugar una protesta por el mal estado de la carretera LU-124 (Mondoñedo-Vilameá), que da acceso a la A-8 por el enlace del barrio mindoniense de Curros, a usuarios de Mondoñedo, de A Pastoriza, de Riotorto y de A Pontenova.

En realidad, antes ya se habían planteado problemas, puesto que las dificultades del trazado por la ladera del monte Padornelo (Mondoñedo), que oficialmente fueron presentadas como cuestiones de complejidad geológica, impusieron un retraso por la necesidad de introducir cambios. Tampoco las consecuencias de la crisis pasaron de largo por esa zona, pues las obras llegaron a estar paradas por problemas presupuestarios. Finalmente, para cumplir el propósito de acabar la A-8 en Galicia, el coste final se acercó a los 12 millones de euros por kilómetro.