En bici con silla de ruedas por el Camino

Lo más duro de las etapas, según su madre, era levantarse a las cinco de la mañana


LUGO / LA VOZ

Juan David Serrano López, de 19 años, vecino de Portomarín, concluyó el pasado domingo en Santiago, con la asociación DisCamino, su tercera peregrinación a Santiago en bicicleta adaptada. Era la primera vez que recorría el Camiño Francés porque las dos ocasiones anteriores hizo el portugués. Juanda se incorporó en Pamplona al grupo de 12 personas con diferentes discapacidades y al grupo de voluntarios, que partió de Roma el 19 de julio y llegó a Santiago después de 50 días, de 2.680 kilómetros recorridos y de algunas vicisitudes. Se desplazó en un modelo de bici que lleva incorporada una silla de ruedas, que manejan voluntarios de esta organización, con sede en Vigo, entre ellos dos de sus hermanos y su asistente personal.

A lo largo de las 50 etapas se fueron incorporando participantes. Los dos únicos que las hicieron todas fueron Iván Bragado, que tuvo un tumor cerebral, que es de Benavente y Javier Pitillas, el máximo responsable de DisCamino, una organización que se creó en el año 2009 para posibilitar la peregrinación a personas con discapacidad. El tramo italiano, que Pitillas recuerda como el más crítico, entre otras razones por la ausencia de arcenes y por las forma de conducir de los italianos, en el que estuvieron expuestos a al menos dos accidentes, lo hicieron con Chema. En Francia se incorporó Paula y al entrar en España se sumaron Suso, Gerardo y David. En Pamplona se sumaron Borja, Juan David, el único lucense y Ana y Borja. En León lo hicieron Jairo, Alex y Sabela.

Los últimos cuarenta kilómetros hasta la plaza do Obradoiro los recorrieron todos juntos.

Mary Luz López, la madre de Juanda, hizo varias etapas con el grupo como voluntaria incorporada en el equipo de intendencia. Tuvo que llegar a un acuerdo con su hijo para que le permitiera hacer una parte del camino porque quería ir solo con sus hermanos. Según explicó, a Juanda le pareció una experiencia extraordinaria, no solo por el reto físico que supone, sino por la convivencia con el grupo. Lo que peor llevó fue levantarse a las cinco de la mañana para iniciar las etapas. «Tiene en mente -explicó- que la próxima peregrinación será desde Sevilla».

Mary Luz López lamentó que el único participante de Lugo fuera su hijo. «Podrían haber ido más. Hay usuarios que piensan que ellos no pueden y están equivocados». Esta madre animó al resto a participar en esta experiencia. «Solo es necesario querer hacerlo porque DisCamino pone a disposición de todos sus recursos técnicos y el personal voluntario». «Los límites -apostilló- están en nuestros perjuicios y en nuestros límites.

En Portomarín estuvieron pendientes del desarrollo de la peregrinación de Juanda, según López

el dispositivo

El joven de Portomarín se desplaza en una silla de ruedas que tiene acoplada una bicicleta en la que pedalea un voluntario de DisCamino. En algunos tramos iba acompañado de sus hermanos y en otros del asistente personal que le asignaron. Los organizadores encontraron barreras arquitectónicas en buena parte de los alojamientos, que no están perfectamente adaptados a personas con discapacidad y cuyos propietarios no son conscientes de ello.

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