La maravillosa historia de Pol y Tuerca

El caniche necesitaba una transfusión y su donante fue una perra que estaba en la protectora. Ahora viven juntos en A Illa


vilagarcía / la voz

Pol llegó desde A Coruña a las vidas de Iria, Miguel y Marco. Un caniche que tenía tres meses de edad cuando se encontró con los que ahora son sus dueños. El susto apareció cuando tocó la primera vacuna y le apareció un bulto detrás de una oreja. El buen hacer de los profesionales del Centro Veterinario Os Duráns dictó el diagnóstico: Pol es hemofílico. Algo nada habitual en los perros.

Desde entonces, el caniche estuvo bajo una estrecha vigilancia tanto por parte de sus propietarios como de los veterinarios. Y la semana pasada llegó el susto. «Comenzó a quejarse de una pata y ya vimos al día siguiente que tenía un gran derrame entre el pelo», recuerda Irene. Pol empeoró de manera súbita y cuando llegó al centro veterinario, el pronóstico fue demoledor. «Nos dijeron que estaba muy mal, que tenía anemia y que podría vivir como mucho un día o dos», explica su propietaria.

No se rindieron, sin embargo, en el centro veterinario de Os Duráns y apareció una luz al final del túnel. Quizás una transfusión de sangre podría salvarle. Era una actuación arriesgada porque Pol podía fallecer en el transcurso de la misma, pero era la única salida. Así que Irene y Miguel dieron el visto bueno. Faltaba encontrar la donante, pero ahí estaba la ayuda de la Protectora de Vilagarcía.

El milagro

Tuerca, una mestizo que llevaba ya tiempo en el refugio, fue la elegida. Y surgió el milagro. «Lo dejamos por la mañana y estaba más muerto que vivo, pero cuando regresamos a las siete de la tarde ya era otro», dice Irene.

Tuerca, sin saberlo, había resucitado a Pol, y Miguel e Irene pensaron que lo mejor que podían hacer por ella era proporcionarle una nueva vida. Así que decidieron adoptarla.

La historia, sin embargo, guardaba todavía un requiebro más. Cuando Miguel e Irene llamaron a la protectora para expresar su intención de adoptar a Tuerca recibieron otro mazazo. La salvadora de su pequeño Pol ya tenía familia de acogida y se iba a desplazar a su nuevo hogar al día siguiente. El disgusto fue grande, pero todavía quedaba una última bala en la recámara.

Desde la protectora de Vilagarcía se pusieron en contacto con la que iba a ser la familia de acogida de Tuerca y le explicaron la situación. Una vez conocida la historia, estos dieron el visto bueno a adoptar a otro perro y Miguel e Irene pudieron cumplir con su deseo.

Pol y Tuerca viven ahora juntos en A Illa. Bueno, en realidad, muy juntos todavía no porque están en pleno proceso de adaptación. «Tuerca es una perra muy bien educada, que se porta de maravilla», dice Irene, pero todavía tienen un cierto respeto a que pueda dañar a Pol, al que cualquier golpe le puede suponer todo un problema. Será cuestión de tiempo. El que ya ha ganado Pol gracias a su nueva compañera.

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