Ángel Armesto, el empresario de Palas que puso su Skoda a 150 kilómetros por hora en la A-54 para alcanzar a los cacos

Inició una persecución tras sorprenderlos robando en A Campa, lugar donde guarda sus camiones


Ángel Armesto es el empresario de Palas de Rei que el pasado día 19 de abril, sobre las cuatro de la tarde, sorprendió a dos personas saliendo por debajo de la cancilla de la finca palense de A Campa, lugar donde guarda sus camiones.

Este trabajador, que lleva con este negocio 25 años, cuenta con cinco vehículos para el transporte de productos congelados, y ese día, coincidiendo con Semana Santa, se encontraban cuatro de ellos estacionados en el lugar. Dado que dos estaban cargados de marisco para salir para Italia, país donde tiene su principal mercado, y en cuyo interior se encontraba mercancía valorada en unos 600.000 euros, acudió a la zona para echar una visual.

Una vez en el lugar, vio un Volkswagen Golf de color blanco aparcado en las inmediaciones, pero no le dio importancia. Accionó el mando desde su turismo para abrir la cancilla y acceder a la finca. La sorpresa fue cuando entró, volvió a accionar el dispositivo para cerrarla y por el retrovisor observó a dos individuos saliendo de la finca por debajo de la cancilla. «Ian cunha garrafa, metéronse no vehículo e fuxiron dirección Melide. Como non lle había collido a matrícula cando cheguei, saín detrás deles ata alcanzalos na A-54 e collerlle a placa. Levaban o maleteiro cargado porque o coche ía empinado, pero aínda así poñeríano a 150 quilómetros por hora. Para impedir que os alcanzara, o ocupante dos asentos traseiros, lanzou garrafas co combustible e mancháronme todo o coche, ademais de deixar a calzada perdida e ter despois que vir os operarios de conservación a limpala», explica Ángel, que dice que la persecución se prolongó unos siete kilómetros. «Eu seguín detrás deles como puiden ata collerlle a matrícula. Unha vez collida, deixei que fuxiran», explica.

Guardia Civil en la zona

Con la placa en mente, el empresario acudió a la finca para ver lo que podrían haber hecho estas personas. Allí ya estaba la guardia civil, que había sido alertada. «Colleron as garrafas no punto limpo, rebentaron o tapón do depósito dun camión e roubaron uns 350 litros de gasóleo. Menos mal que non foron a mercancía, senón o dano sería brutal. Os camións teñen uns candeados de seguridade para resistir ante calquera asalto, pero esta xente busca tódalas maneiras para conseguir o obxectivo», manifiesta Ángel.

El vehículo donde viajaban los cacos apareció al lunes siguiente en un desguace y dado de baja.

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