Penelas, dos serpientes pitón por cada vivienda

El criadero intervenido por el Seprona está inmovilizado en un alpendre del barrio de Robra, Outeiro de Rei


Los vecinos del barrio de Penelas, en parroquia de Robra, Outeiro de Rei, están con la mosca detrás de la oreja. Saben que un lucense tiene un criadero de serpientes pitón en el alpendre de la casa de sus padres, que está cerrada porque el hombre vive en Lugo. Utiliza la casa de Penelas preferentemente para guardar el reptilario y va a darles de comer a las 23 pitones que le encontró el Seprona. Pero la alarma de los vecinos no se debe a que le encontrasen el criadero que llevaban meses buscando, sino a que después de la intervención, las 23 serpientes de gran tamaño siguen en el lugar para que el propietario las cuide mientras realiza las gestiones para intentar legalizar el núcleo zoológico, porque realmente no tenía ningún permiso ni autorización de las varias que tendría que disponer para almacenar tal cantidad de serpientes.

Ayer los vecinos llamaron a alguno de los responsables políticos para que les confirmasen si las serpientes se guardaban en el alpendre de Penelas porque no quieren que los animales sigan allí ni un día más. Sobre todo si no está legalizado, los habitantes del lugar entienden que no se cumplen las medidas de seguridad y que nadie puede vigilar y garantizar que no haya un problema grave. Una de las posibilidades que más temen los vecinos es que una de las serpientes de gran tamaño pueda escaparse de las cajas del alpendre y esconderse en una de las casas del barrio. El susto podría ser mayúsculo si alguien encuentra una pitón en su casa, además del riesgo de un ataque. No se trata de serpientes venenosas, pero tienen la catalogación de animales potencialmente peligrosos, y como tal cada uno de los reptiles tiene que disponer de su documentación y estar identificada y controlada con las medidas correctoras que marca la ley. Es lo mismo que llevar un perro de raza potencialmente peligrosa por la calle sin medidas de protección (bozal), lo cual supone una sanción mínima de 3.000 euros.

En el barrio de Penelas, la decena de casas están muy próximas entre sí. Tienen fincas y muros de piedra que las separan y en algunos lugares hay abundante hierba e incluso maleza, de tal manera que una de las serpientes pitón podría escaparse y ocultarse fácilmente, hasta el punto de entrar en una vivienda por la noche sin que nadie se entere, o en un alpendre, para comer conejos o gallinas, de los que puede alimentarse.

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