«La aldea me permite plantar un mimbre maravilloso y conectarme con el mundo»

La cesteira Idoia Cuesta. ganadora del Premio Nacional de Artesanía, prepara un complemento para la próxima colección de Loewe


lugo / LA VOZ

Llegó a Santiago en 1992 para preparar una tesis de biología marina en la que analizaba la catástrofe del Mar Egeo en las rías de Ferrol y A Coruña, pero un curso de cestería en el Centro de Artesanía e Deseño de Lugo dio un giro radical a su destino. Veintitrés años después, Idoia Cuesta (San Sebastián, 1968) acaba de ganar el Premio Nacional de Artesanía, convocado por el Ministerio de Industria, por adaptar la tradición cesteira a las tendencias actuales conquistando nuevos mercados y consumidores.

-En el 2011 recibió la Mención Especial del Jurado, ¿qué siente ahora con el primer premio?

-Un orgullo enorme. Todavía estoy en las nubes, no me lo creo. La final estaba muy reñida y un premio a nivel nacional es un reconocimiento grande. Pandeira, la colección premiada, surgió por azar. Jugando a montar dos aros de pandereta vi que se podía hacer un cesto. Le encargué la estructura a un artesano vecino mío, Xaneco, que es lutier, y luego elaboré el modelo tejiendo la lana en tres colores: natural, rojo y gris.

-Tras colaborar con diseñadores como Sara Coleman o Martín Azúa, y firmas como Loewe, ¿en qué proyectos está inmersa?

-Estoy preparando un complemento de moda para la próxima colección de Loewe, y solo puedo adelantar que no será un bolso. También voy a colaborar con el diseñador libanés Assad Awaad y con el gallego Juan Ares. Estoy encantada porque la cestería también es crear espacios de interior, muebles, paisajismo, jardinería..., y para mí estas colaboraciones son vitales a nivel de aprendizaje y creativo. La crisis se nota porque las ferias y las tiendas no funcionan como antes y bajan los ingresos por ventas, aunque tengo la suerte de ir capeando el temporal porque doy bastantes cursos, me encanta enseñar. Para mí es fundamental diversificar y trabajar en equipo para sumar esfuerzos. Sola es muy difícil salir adelante.

-En el rural gallego siempre ha habido gente habilidosa haciendo cestos, ¿qué le diría a quienes opinan que la artesanía es cara?

-Cuando empecé a ir a ferias, a alguna gente le parecía caro que pidiese 30 euros por un cesto de mimbre. «Isto fágoo eu» ou «isto faino a miña avoa», decían. Y fue eso, unido a que me había formado como tejedora, lo que me animó a innovar mezclando las fibras textiles con las vegetales. Ahora uso madera y lana, y sigo investigando. Si sumamos el tiempo desde que pensamos una colección hasta que sale a la luz, el precio de las piezas es muy ajustado, casi regalado. El problema es que estamos acostumbrados a ver productos que vienen de otros países muy baratos, y no se valora el trabajo artesano.

-Y hace todo esto desde una aldea de Outeiro de Rei...

-Llegué por casualidad y estoy encantada, ya soy galleguiña. La mentalidad del rural también está cambiando. Vivir aquí me permite tener un taller y plantar un mimbre maravilloso, y conectarme con el mundo a la vez. A finales de marzo estaremos en los días internacionales de la artesanía en A Coruña.

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