El mago de la luz en la calabaza de Lugo

«Con ganas y formación se puede vivir del rural», explica este artesano lucense


lugo / la voz

El teléfono de Blas Piñar Martínez (Barcelona, 1977) ayer no paraba de sonar. La repercusión que tuvo el reportaje publicado por La Voz de Galicia sobre la elaboración artesanal de calabazas como piezas de diseño llegó a diversas partes de España. Desde su taller en Laxosa, O Corgo, atendía a amigos y medios de comunicación, mientras ya iba preparando nuevos diseños de lámparas, porta velas o cajas para guardar y decorar estanterías.

«Estoy viviendo un sueño, porque gracias a la Diputación, sus técnicos y los artesanos he podido llevar a cabo mi proyecto», explica este hombre hecho a sí mismo y que quiere apostar por vivir de lo que se produce en el rural: «Con ganas, investigación y formación se puede vivir en el campo, se puede evitar que muera el rural gallego y sin dañar el medio ambiente».

Comenzó hace cinco años a cultivar calabazas con la idea de crear piezas para vender a los peregrinos pero encontró en el Campus Emprendemento de la Deputación de Lugo una oportunidad para poder llevar su idea más allá: diseñar y elaborar lámparas y piezas de decoración con calidad, respetuosas con naturaleza y con motivos gallegos. Su proyecto lleva por título Artesanía Calabazas Mago de Luz y forma parte de las acciones que desarrolla la Reserva da Biosfera Terras do Miño. Pronto, espera, se verá reflejado a nivel comercial todo su trabajo. Para ello necesita obtener la carta de artesano, necesaria para vivir profesionalmente de sus piezas. En este momento solo existe en España otra persona, un vasco, que trabaje la calabaza a nivel artesanal.

Piñar, tras haber investigado sobre la plantación de diversas variedades de calabazas, espera llegar a tener una producción de 1.500 calabazas, que luego necesitan pasar por un proceso de secado antes de que comience la fase artesanal. Ya ha registrado varias siluetas que aplica en las calabazas. «Veo las que pueden encajar bien y luego empiezo a tallar, a rebajar la corteza hasta llegar a la pulpa para tener una textura traslúcida y aportar tonos rojos y amarillos», explica. En sus creaciones hay motivos der todo tipo, desde monumentos como la catedral de Santiago o la Muralla de Lugo, hasta el nombre de personas o gustos musicales, o simples dibujos de animales y plantas. Los tintes naturales y el barnizado al agua, además del secado, son también fundamentales en el proceso creativo.

Y en este proceso está este catalán ya medio gallego. «Estoy agradecido a la Diputación y a su presidente, a Fátima y a María que me apoyaron en el curso de emprendedores y creyeron en mi propuesta, y luego hay cuatro artesanos gallegos que me abrieron sus puertas y me ayudaron, como son Pepe do Outeiro, Idoia Cuesta, Pepa de Bonxe y Lolo. Son gente maravillosa e imposible de olvidar, todo un lujo».

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