La lluvia intermitente marca una acogida irregular en la prueba


lugo / la voz

A pesar de que la climatología inestable marcó el desarrollo del Rally San Froilán, la prueba volvió a convertirse, por tramos, en un hervidero de aficionados. Amantes del motor se agolparon en las cunetas para contemplar las evoluciones de los pilotos. A pesar de que las carreteras no presentaron un aspecto óptimo y de que muchos tramos se encontraban bacheados, los participantes hicieron las delicias de los presentes con conducciones agresivas y espectaculares.

La gente se preparó para contemplar el rali desde muchos minutos antes de que los pilotos realizasen las primeras pasadas por cada tramo.

En O Corgo, un grupo de aficionados incluso construyó un andamio improvisado para contemplar la carrera desde las alturas y con perspectiva. A todo ello se le sumaron los típicos tentempiés para hacer más llevaderos los paréntesis competitivos.

Compromiso de seguridad

La seguridad marcó esta nueva edición de la prueba lucense con el motor. No solo por la fuerte presencia de la Guardia Civil, que se encargó de minimizar los posibles daños en caso de accidente. También por la propia mentalidad de los aficionados, entre los que se avisaban mutuamente si veían a algún espectador en una zona de riesgo o que pudiera comprometer la seguridad de la cita deportiva en los diferentes tramos de la prueba.

La lluvia intermitente que cayó a lo largo de la jornada marcó el firme, mojado por tramos. Sin embargo, la calzada no llegó a empaparse, por lo que la prueba pudo realizarse sin patinazos indeseados y peligrosos.

ambiente el rali san froilán

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