Los «hippies» de Negueira piden casas en venta o alquiler por la alta demanda

Afirman que gente dispuesta a volver al rural no puede asentarse por falta de vivienda


lugo / la voz

Los habitantes de las aldeas donde sobrevive el espíritu de la comuna hippy que se formó en Negueira de Muñiz a finales de los setenta, junto al embalse de Grandas, piden que se cree un banco de casas que permita comprar o alquilar viviendas que están vacías en la zona. Alrededor de cincuenta personas forman parte en la actualidad de una comunidad que vive repartida en seis aldeas: Ernes, Vilar, Foxo, Castelo, Vilauxín y Escanlar. Sin embargo, esa cifra podría aumentar bastante, como destaca Dora Cabaleiro, que fue cabrera durante varios años y que ahora forma parte de la cooperativa Ribeira do Navia, dedicada a la agricultura ecológica y a la bioconstrucción. Afirma que cada vez hay más gente que está dispuesta a volver al rural con esa filosofía, pero que no puede asentarse de una manera estable por falta de vivienda. «Hai unha necesidade moi grande de restaurar casas porque vén moita xente que non se pode quedar por iso», comentó días atrás mientras mostraba algunas de las muchas construcciones de Ernes que se encuentran cubiertas por la maleza, abandonadas o en estado ruinoso.

Otra de las cooperativistas, la belga Luz Rossel, lamenta que mucha gente que en Galicia abandona las aldeas para no regresar, se aferra a casas, cabañas, prados y fincas que no tiene intención de volver a trabajar ni a disfrutar. «Aquí hay un rollo emocional muy fuerte, porque ya me dirás qué haces con una finca que mide diez metros por dos. ¿Para qué la quieres? Si tú no la vas a usar, por lo menos véndesela o alquílasela a alguien que la quiere poner a funcionar», explica, antes de comentar que con frecuencia llegan «a esta orilla de Negueira» personas, especialmente jóvenes, a los que les gustaría comprar o alquilar un inmueble pero se vuelven con las manos vacías. «El problema es que tampoco se puede construir nada nuevo porque estamos dentro de una área protegida, como Red Natura», añade la mujer, que vive en Ernes. «Hai tempo propuxémoslle ao Concello facer un banco de casas para poñelas a disposición da xente, pero o alcalde non ve futuro aquí», indican.

Apicultura y una panadería

En 1951, antes de que se construyese el pantano que despobló este rincón de la montaña lucense, en el límite con Asturias, Ernes tenía 500 vecinos y era uno de los núcleos más importantes de la zona. Pero el embalse obligó a emigrar a la mayoría a otras poblaciones de Lugo, Asturias, Cataluña o Madrid; y hoy en día casi todos los habitantes son herederos de la comuna. Después de décadas centrados en el autoconsumo, hace dos o tres años, cuando desaparecieron las brigadas de protección de los montes con las que varias familias completaban sus ingresos, cuatro dieron un paso adelante y empezaron a comercializar excedentes ecológicos, y a restaurar en piedra y en madera de forma organizada. «Dixemos: ?Se queremos quedar aquí hai que artellar algo?», comenta Cabaleiro. Venden conservas, zumos, encurtidos o salsas en mercados y grupos de consumo justo de Navia, Oviedo, Gijón, Lugo o Ferrol. Y en torno a la cooperativa están surgiendo grupos dedicados a la apicultura y la producción de hortalizas, una panadería... «Se algo ten de bo a crise é que lle está dando de novo á xente o poder de autoorganizarse, e coa agroecoloxía por bandeira», destaca Cabaleiro.

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