Viaje al país de los Manueles

El nombre de pila masculino más popular en Galicia pierde empuje en su epicentro histórico

De izquierda a derecha, Manuel Fernández, el párroco, don Manuel, Vicente Ángel Manuel Flores y Manuel Sánchez.
De izquierda a derecha, Manuel Fernández, el párroco, don Manuel, Vicente Ángel Manuel Flores y Manuel Sánchez.

navia de suarna / la voz

«Pues aquí no hay ninguno», confirma el secretario del colegio de Navia de Suarna. Repasa de nuevo el escaso censo de este atípico centro escolar donde se imparte la primaria y la ESO pero no el bachillerato: «Varones hay 18 y mmm... hay un Áxel, un Saïd... pero Manuel, no. Hay un José Manuel». Según el Instituto Galego de Estadística, en Galicia el nombre más popular es Manuel, que luce el 2,6 % de la población. Pero ese porcentaje casi se cuadriplica en la montaña de Lugo, especialmente en Navia donde nueve de cada cien vecinos responden a ese nombre. Pero en el colegio no. No hay ni uno.

No hay otro caso igual en Galicia, ni entre hombres, ni entre mujeres, donde el más común es María (1,5 % de la población gallega y 4,9 % en Tordoia, el concello con mayor proporción).

Volvamos a la búsqueda. Frente a una oficina bancaria encontramos a tres señores parloteando.

-¿Algún Manuel?

Fracaso. Les explico que es el punto de Galicia con más frecuencia para ese nombre y empiezan a repasar en voz alta. Uno va citando y otro le recuerda los que ya fallecieron, que no son pocos. La conclusión final es que hubo mucho más de los que hay. Uno de ellos me recomienda hablar con el cura.

-¿Cómo se llama?

-Manuel.

Camino de su casa, encontramos a otro parroquiano.

-¿No se llamará usted Manuel?

-No. Espere..., sí, de tercero. Me llamo Vicente Ángel Manuel.

Resulta que su abuelo sí era Manuel y su madre Manuela. De algún modo, el nombre tenía que pervivir. Lo fichamos para la foto y seguimos a la busqueda del párroco que resulta ser un señor mayor que confirma que, efectivamente, Manueles había muchos, pero que ya no quedan tantos. Y que, entre los pocos niños que nacen en sus parroquias, nadie opta por este popular patronímico: «Agora lles poñen nomes modernos, do Norte».

Teorizando

Poco a poco, algunos Manueles van apareciendo. Entre ellos Manuel Fernández, propietario de la ferretería. Acabamos tomando un café en uno de los bares del pueblo y teorizando sobre el por qué de tanto manuelismo. «Eu me lembro dunha reunión en que éramos oito. Un chamábase Teolindo e os outros eramos Manuel», evoca el párroco. Fernández, que también fue alcalde durante unos años, no sabe a qué atribuir la popularidad de su nombre, que es el mismo de su padre y el de su abuela. Teniendo en cuenta que los mayores índices se encuentran en este concello y en los vecinos de Cervantes y As Nogais, algunos consideran que tal vez el aislamiento tradicional de la montaña pueda haber tenido algo que ver. Del mismo modo que los acelerados cambios sociales de las últimas decadas han jugado en contra de la tradición de ponerle al hijo el nombre del padre, especialmente si se llama Manuel.

La charla se anima y pasamos a evocar manueles famosos, entre ellos el Manuel por excelencia, don Manuel. «Viña moito por aquí», comenta uno.

-Dicen que se cargó al último urogallo de Os Ancares.

-Ese día estaba yo. Y no era el último urogallo.

Las explicaciones las ofrece Vicente, el que se llama Manuel de tercero y que, curiosamente, también fue alcalde. Afuera hace un día espléndido que subraya la indiscutible belleza del entorno. Antes de despedirnos, el cura, que con 77 años aún atiende 11 parroquias, da con la clave de todo: «É un lugar moi bonito. A pena é que non teñamos cincocentos veciños máis». Así que lo que se agota no son tanto los Manueles, sino los vecinos de Navia en general, sea cual sea su nombre de pila. En los últimos 20 años han visto desaparecer la mitad del censo. Eso sí que es un drama.

Manuel, de Cervantes, tercero de cuatro generaciones de Manueles
Manuel, de Cervantes, tercero de cuatro generaciones de Manueles

Cuatro generaciones con el mismo nombre de pila

En Cervantes, la decadencia de los Manueles es un hecho tan cierto como en Navia. En el colegio, que también combina alumnos de primaria con los de ESO, el último Manuel que pasó por las aulas, lo hizo en 2005. Ya ha llovido.

En Cervantes hay 95 personas que responden al nombre de Manuel, para un censo de 761 varones. Pero por el pueblo no resulta tan fácil encontrarlos. En realidad resulta difícil encontrar a alguien, se llame como se llame. Ahora bien, delante del concello, Gloria nos cuenta desde el balcón cómo se ha pasado la vida rodeada de Manueles: «Mi marido y mi hijo se llaman así. Y mi suegro también. Y el padre de mi suegro, también». Cuatro generaciones , de las que ya solo dos siguen vivas: «Mi hijo nació el 26 de diciembre, el día de San Esteban. Yo le propuse a mi marido llamarle Esteban pero, claro, no fue posible». El asunto, cuenta Gloria, no acababa ahí. Su cuñada se llamaba Manuela y era un verdadero lío cuando se juntaban todos: «A mi marido le llamo Manolo; a mi suegro, como estaba algo sordo, no tenía que llamarle, le tocaba. Y a mi hijo, tuvimos que llamarle Manu».

Placa en una vivienda de San Roman, en Cervantes

—¿No tuvo más hijos?

Una. Pero ya me encargué de que no le pusieran Manuela.

A Manuel, marido de Gloria, convaleciente aún de un ictus, le preguntamos: «Si tuviera un nieto, ¿le gustaría que se llamara Manuel?». Y el hombre, que se está recuperando de un ictus, responde raudo: «Hombre, claro».

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