La vieja escuela de Navia que ahora es restaurante

Un empresario, que estudió dos años en este edificio,  compró el edificio en ruinas, lo restauró y lo decoró con material escolar

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lugo / la voz

Guillermo Suárez Álvarez cambió la construcción por la restauración y compró, junto a sus hermanos la antigua escuela, que reconvirtió en pulpería y hostal. «A Escola», situada en pleno centro de Navia de Suarna, que está decorada con elementos habituales en las aulas del siglo pasado. Para el empresario este negocio , que cumplirá dos años en agosto, supone el retorno a los orígenes porque, con 44 años, fue uno de los últimos alumnos que acudió a la antigua escuela, ahora reconvertida en negocio de hostelería, antes de que empezara a funcionar el grupo escolar, a principios de los años 80. Cursó primero y segundo de EGB en el viejo edificio que cedió la familia Quindós para que se impartieran clases en él. «Fun -confesó- dos que levou a silla do edificio vello ata o novo».

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Años después, con el inmueble declarado en ruina, sobre el que pesaba ya una orden de derribo, decidió junto a sus hermanos crear una sociedad, H3 C.B., en la que están integrados otros negocios del mismo sector, comprarlo, rehabilitarlo y abrirlo al público.

Guillermo Suárez afrontó la restauración como un reto personal para devolverle, en parte, su antigua condición de escuela. «Cando mercamos a casa no había nada dentro, nin un pupitre». Le dedicó muchas horas de trabajo, pero está muy satisfecho con el resultado final. En el edificio de cinco plantas, funciona ahora uno de los tres restaurante de Navia de Suarna y un hostal con seis habitaciones. Están identificadas por el nombre de asignaturas: Matemáticas, Literatura, Xeografía, Galego, Historia e Debuxo.

Decoración colaborativa

Los elementos que hoy día forman parte de la decoración se hizo con ellos a través de amigos, que conocían su afición a coleccionar objetos relacionados con la escuelas del pasado siglo. También los fue encontrando en las restauraciones que realizó en su antigua faceta de empresario de la construcción. En libros cuenta con un fondo de 500, entre ellos todos los números de la Enciclopedia Álvarez. «Tuven que meter as cousas en vitrinas -confesó el hostelero- porque empezaron a desaparecer. Cando me dei conta case me quedo sen plumas».

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En la vitrina hay un globo terráqueo, una amplia colección de pinturas de madera; plumas; tinteros que le compró a un anticuario de Becerreá, que a su vez los adquirió cuando cerró una ferretería de Navia; gomas de borrar y libros, entre otros objetos.

Para el trabajo diario en el restaurante incorporó una réplica de las pizarras antiguas, a modo de carta y para anotar las comandas. Las compró en Portugal. La gran diferencia es que las de antes tenían el marco de castaño y eran prácticamente irrompibles y las de ahora lo tienen de pino y se fracturan con facilidad.

Pizarras antiguas y modernas

El hostelero conserva alguna pizarra antigua que encontró en un edificio en ruinas próximo, que localizó con la madera ya podrida por el paso del tiempo.

Ahora la escuela de Navia, en la que aprendieron a leer y a escribir varias generaciones de niños, se ha especializado en pulpo, carnes rojas y bacalao. Guillermo Suárez, que es el que regenta este negocio cuya propiedad comparte con sus hermanos, que estudiaron en las viejas aulas no está arrepentido de haber cambiado las obras por la hostelería. «Posiblemente traballo máis horas e máis forte, pero estou satisfeito co que fago», confesó.

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