Oliver Laxe: «O que se vive no rural galego é un holocausto»

El director afirma que quiere capturar un modo de vida y buscar poesía con el drama de los incendios

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lugo / la voz

Oliver Laxe (París, 1982) es un torbellino de ideas pero con las ideas claras sobre cómo entiende el arte de hacer cine y el compromiso de un cineasta con una sociedad. Después de conseguir el éxito en el Festival de Cannes y de la crítica con sus dos primeras películas, Todos vós sodes capitáns y Mimosas (elegida por la revista The New Yorker entre los 35 mejores filmes del 2017 estrenados en Estados Unidos), se encuentra en la fase de preparación de Aquilo que arde, un acercamiento al tema de los incendios forestales «coa fin de non buscar culpables, porque no fondo somos todos, nin de facer unha película política, senón que desde a poesía intentar estilizar a rabia e a impotencia que temos ante os lumes forestais».

La idea de hacer esta película es anterior a los graves incendios del pasado octubre, pero estos hechos simplemente han puesto de actualidad una propuesta que en su cabeza, afirma, ya nació en el 2007, tras la ola de incendios del 2006. En aquel entonces hizo un pequeño corto y este verano retomó la propuesta, pasando unos días con brigadistas, «auténticos heroes», que le sirvieron como cuaderno de notas sobre los que basar la película que rodará entre febrero y agosto del próximo año. El rodaje será en Navia de Suarna -donde está restaurando una casa y de donde son originarios parte de sus abuelos, los otros son de Terra Chá- en Viveiro o A Pastoriza (aún por decidir) y en Ourense, junto a brigadistas.

Laxe ofreció ayer una conferencia en la Diputación, a la que asistieron alumnos de la Escola de Imaxe e Son. El director mostró bocetos e imágenes que rodó este verano y explicó su proyecto de película: «O lume é moi plástico visualmente, é fermoso e á vez cruel, pero non quero perderme na estilización e si buscar as historias humanas que hai ao seu redor».

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La idea que tiene Oliver Laxe sobre el cine es la de llegar al corazón del espectador, pero siempre sin artificios ni buscando la lágrima fácil. «Non aposto pola linguaxe política, porque é de división; eu o que pretendo é comprender e entender, e para iso emprego a linguaxe artística». Uno de los protagonistas del filme será un pirómano que sale de la cárcel y regresa a su casa de Os Ancares a vivir con su madre. «Non quero xustificar os seus actos, nin xulgalo, pero si entendelo, porque a xente que provoca sufrimento é porque está a sufrir», relató Laxe.

Esta postura tan sincera y atrevida de Laxe muestra que su visión del arte y de la vida no es unívoca, sino que está llena de matices y de grises. Aquilo que arde abordará el problema de los incendios pero de fondo estará latente el medio en el que se originan, un modo de vida que para este director se está muriendo de manera parece que irremediable: «Quero capturar os xestos e os valores da xente do rural, non idealizalos, pero si transmitir que o que acontece hoxe en día no rural galego é un holocausto». Laxe -que nació en París y vivió en A Coruña, Pontevedra, Barcelona, Londres o Marruecos, entre otros lugares- manifestó que se siente un privilegiado por haber vivido momentos ya inolvidables en su aldea de Vilela, en Navia: «Teño 35 anos e puiden degustar o medievo, o son do carro que perveviu durante séculos, e noto ese enraizamento que quizais non teñen noutros sitios, e o meu obxectivo vital agora é regresar a esa órbita».

En España faise moito cine sen valía cultural, pero está subvencionado e é deficitario

Oliver Laxe abordó la dicotomía cine de autor y cine comercial para señalar que en ambos se hacen excelentes y a la vez malas películas. «Eu prefiro falar de cine con alma ou cine desalmado, cine que intenta espertar ao espectador ou o que pretende durmilo». Laxe señala que para el las películas que más le gustan y que le han marcado en su vida son aquellas que perviven en su memoria. «As imaxes teñen que acompañar ao espectador, e por exemplo no cine de Hollywood, que podes gozar, pero co tempo non te lembras de nada, é coma se o vento tirase terra encima delas».

Laxe apuntó que un cineasta «ten que buscar que as imaxes persigan ao espectador pero non provocar emocións concretas cando ves a película para buscar a bagoa». Indicó que él «a miña pequena tribo» tienen necesidad de hacer el cine que buscan, hecho con el corazón y hacia el corazón del espectador. «O cine é unha ferramenta para a vida e para conseguir persoas libres e emancipadas», explicó Laxe, quien dejó claro que su apuesta personal y artística está muy alejada de las convenciones del cine que entendemos por comercial, y fue muy crítico con el cine que se hace en España: «Faise moito cine sen valía cultural, pero está subvencionado, é deficitario e pensan que teñen espectadores, pero non é verdade». Laxe también criticó que las Administraciones y las televisiones públicas destinen dinero a películas de este tipo.

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