Así llegó el Imperio romano a Galicia

Los restos de 17 campamentos militares temporales arrojan luz sobre la presencia del ejército en las primeras fases de la conquista del noroeste de la Península


Santiago / la voz

En el 26 antes de Cristo, Octavio Augusto llegó a la península ibérica. Lo hizo para luchar las batallas que habían comenzado en el año 29 a.C. y que acabaron sometiendo toda Hispania al yugo del primer emperador de Roma. No fue fácil. Las guerras cántabro-astures duraron un decenio y no terminaron hasta que el general Agripa sometió a los últimos rebeldes. Era el 19 antes de Cristo. De esos diez años de cruentas luchas han quedado numerosas marcas. Rastros que eran muy visibles en Asturias, Cantabria y el noroeste de la Meseta. Recintos militares de campaña que permitían seguir el avance de las legiones por el último territorio indómito de la Península. Cicatrices de las que parecía que se había librado Galicia. Tanto, que algunas interpretaciones hablan de que en el último rincón de Europa no había habido operaciones militares en esa época.

Pero la historia acaba emergiendo. La primera huella del paso de campañas itinerantes por territorio gallego apareció en Navia de Suarna en el 2011. Un castellum. Una pequeña fortificación para el control de una zona. Un recinto en el que se guarecían pocas tropas. Quizá unas cincuenta o cien personas, controlando una comarca o un paso de montaña durante una temporada. Lo recuerda José Manuel Costa, uno de los arqueólogos del grupo RomanArmy.eu -formado por investigadores de diversos organismos científicos de Galicia, Asturias, Portugal y el Reino Unido- que ha sido capaz de ir rescatando del olvido las cicatrices del paso de los romanos por Galicia. Cicatrices que ahora hay que interpretar. Saber si corresponden a esas contiendas militares capitaneadas por Octavio Augusto. O si son parte de un contexto inmediatamente anterior o posterior. 

Las tropas circulaban por el territorio y hacían noche en algún punto. Cavaban un foso y con esa tierra y esas piedras creaban un parapeto. Así, los posibles atacantes lo tenían más difícil, mientras ellos podían vigilar la zona desde ese talud. Dentro del recinto, tiendas de campaña. Desde que en el 2011 apareció el de A Recacha, han ido regresando del olvido hasta 17 campamentos temporales romanos. Como el de O Cornado, en Negreira. «¿Que fai un sitio de trece hectáreas no medio da Coruña?». Parecía algo aislado. Pero no. Empezaron a tirar del hilo y en el oriente gallego comenzaron a documentar, uno tras otro, elementos parecidos a ese recinto en forma de naipe con el que se habían tropezado en Negreira. 

Campañas en territorio gallego

Sí. Las hubo. Hubo campañas militares en territorio gallego. Pero esa respuesta solo ha ampliado el número de preguntas. Como cuándo. O cuántos. «Hai moitos recintos que podían gorecer a miles de homes. E miles de homes non están de festa. Teñen unha misión moi clara». En el de Monte de Ventín, en Pol, podía haber entre 6.600 y 8.600 efectivos.

Otra pregunta. ¿Por qué? O más bien, ¿para qué? «Hai que entender se eses efectivos están no contexto desas guerras augusteas na conquista de Cantabria» o si estaban reorganizando el territorio. O si estaban construyendo vías. O si buscaban dónde explotar recursos minerales. «Sabemos por moitísimas fontes que o Exército romano era o único corpo administrativo real que tiña o Imperio», aclara Costa. «A presenza de soldados non implica necesariamente unha guerra». Una legión también tiene ingenieros, contables, personal especializado en la nómina del imperio que se convierte en el agente de transformación del territorio. Cuando se construye un puente probablemente lleguen ingenieros militares, «e máis probablemente nunha zona ruralizada como a nosa, na que non había grandes cidades ou castros xigantes como hai noutros lugares da Meseta».

Ahora bien, «ti non moves seis mil persoas para construír unha estrada», matiza el arqueólogo. «Aínda temos que entender cales foron as operacións. Iso é o complicado, o que esixe moitísima investigación arqueolóxica». El primer paso es proteger las zonas. La Dirección Xeral de Patrimonio no se ha pronunciado aún sobre su catalogación como yacimientos. Pero quizá lo que más datos aporte sobre la influencia de esas campañas sea la excavación de los castros aledaños.

Lo que sí parece claro es que se pueden reconstruir algunas de las rutas. En la zona de Oscos y A Fonsagrada, cuatro campamentos están en línea. Tres de ellos parecen pertenecer a la misma época. Hay otros dos que por su tamaño y sus características morfológicas podrían ser de otros momentos. «Iso significa unha cousa fascinante»: no solo atestiguaría una ruta de penetración a Galicia, sino que esa ruta la utilizó varias veces la misma gente. Y que en la primera fase estarían viajando -aparecen campamentos temporales- y en la siguiente, vigilando el territorio, porque aparecen castella.

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