«Antes, para entrar nas casas facía falla unha chave e agora, unha fouce»

La despoblación en el interior deja escenas desoladoras de casas en ruinas y aldeas totalmente deshabitadas

Modesta nació en As Pandas, una aldea que pertenece a Muras en la que los únicos habitantes que quedan son unas vacas. Las tres casas que había hace 50 años, ahora están caídas. «Non imaxinades cantos veciños por aquí había. Agora, se caio aquí diante da casa non teño quen me bote a man ata que chegue a miña filla. Quedaría tendida no chan sen poder pedir axuda», cuenta Modesta desde su casa en Abeledo. A su alrededor solo se escuchan los eólicos y, si el viento mira hacia otro lado y se lleva su sonido, tan solo queda el de los pájaros y animales salvajes que viven en las montañas. Esta mujer tiene 90 años y vive en esta aldea desde que tenía siete. En Abeledo, anteriormente residían dos familias numerosas y muchos animales.

Modesta y su marido Heriberto llegaron a tener cien ovejas, además de vacas. En su huerta había de todo y las hortalizas se destinaban fundamentalmente a la alimentación familiar. Con los animales cambiaba el cuento y muchas veces acudían a las ferias para vender su carne. «Iamos ás feiras polos carreiros e tamén a As Pontes vender gando ou a la das ovellas», cuenta Modesta.

Tres vacas y cuatro burros

Ahora, y gracias a la ayuda de su hija, este matrimonio que lleva más de 60 años casado tiene tres vacas y cuatro burros. La casa situada frente a la de Modesta y Heriberto se cae a pedazos. «Agora, para entrar nas casas hai que levar unha fouce e non unhas chaves», cuenta esta mujer. «A min gustaríame ter máis veciños. Antes atopabas á xente polo monte e agora só ves lobos», explica Modesta.

Casas vacías

Cerca de Abeledo, en Xelgaiz, el panorama es similar al de muchas otras aldeas de Galicia. Hace 50 años había ocho casas habitadas. Hoy, solo quedan tres. «Pero a quen ides atopar se non hai nada nin nadie?», exclama una de las vecinas de la aldea mientras recoge a su ganado de ovejas. Ella también explica que, hace años, las aldeas de la zona estaban llenas de vida y de niños. Ahora, es difícil que se crucen dos coches en la carretera.

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«Antes, para entrar nas casas facía falla unha chave e agora, unha fouce»