¿Cómo se puede convivir con el lobo?

Lugo es la provincia gallega donde la presencia del animal alcanza un mayor porcentaje de la superficie total


VILALBA / LA VOZ

Alcaldes de municipios de O Xistral -Xermade, Muras, Ourol, O Valadouro y Abadín- se reunieron en octubre para analizar la situación de los ataques de lobos, y el lunes expusieron sus puntos de vista a la conselleira de Medio Ambiente. El concejal de Vilalba Aberta presentó en un reciente pleno una propuesta para instar al Concello a demandar más apoyo a los ganaderos afectados y más agilidad en la respuesta de la administración.

Con los datos en la mano, a esos alcaldes no les faltan razones para quejarse: según datos de la Xunta correspondientes al 2017, Muras fue el municipio en donde se tramitaron más peticiones de ayuda por ataques de lobos (84); en los siguientes puestos aparecen O Valadouro (57), Abadín (51) y Ourol (42). No obstante, en el resumen del censo de lobo ibérico en Galicia de los años 2013, 2015 y 2015, realizado según métodos y sistemas acordados por el Gobierno y las comunidades autónomas, se recoge que el área de distribución del lobo en Galicia alcanza un 72,17 % del territorio, aunque en Lugo supone el mayor porcentaje de toda la comunidad (79,8 %). En el 2015 se admitó la presencia de 90 manadas en Galicia, seis más que al comienzo del estudio, ya que en un primer momento hubo problemas para reconocer las muestras.

 LA TENDENCIA

Incremento en otras comunidades. El Programa de actuaciones de control del lobo 2017-2018, elaborado por el Principado de Asturias, recoge que había 22 grupos de esos animales en el 2001 y 38 en el 2016, aunque los autores advierten de que los datos y las posibles conclusiones exigen cautela. Con el territorio dividido en siete zonas, la Centrooccidental era la que tenía más grupos registrados en el 2001 (ocho); en el 2016, en cambio, figuraba en cabeza la Suroccidental. Si se toma como referencia el ganado bovino, caprino, equino y ovino, el número de reses afectadas en el 2016 (3.494 en total) fue menor que en el 2012 (3.831).

 EL AMBIENTE

Más tranquilidad en Galicia. El citado informe reconoce la existencia de «conflictividad social» alrededor del lobo. En agosto de este año, por ejemplo, tuvo lugar en Cabrales una manifestación de ganaderos contra los ataques de lobos; en septiembre, en Gijón, grupos ecologistas convocaron una concentración en defensa del lobo.

 Son muestras de una tensión que por ahora no se ha dado de ese modo en Galicia. Joan Alibés, catalán asentado en Meira y dedicado a la cría de ganado caprino y ovino, destaca la idiosincrasia del ganadero gallego, que no le parece inclinado a comportamientos radicales: «Iso é positivo. Claro que o é», dice.

Alibés forma parte de O-Xan, un grupo que reúne a variadas entidades gallegas en las que se analiza la gestión del lobo, y de Campo Grande, que realiza esa misma función con miembros de toda España. Su decisión de usar mastines para proteger el ganado no ha pasado inadvertida últimamente: aunque afirma carecer de datos, cree que su ejemplo ya no es tan novedoso.

 EL ALICIENTE

El lobo, un reclamo turístico en Castilla y León. En el municipio zamorano de Puebla de Sanabria está situado el Centro del lobo ibérico de Castilla y León. Lleva el nombre del naturalista Félix Rodríguez de la Fuente (1928-1980), famoso por programas televisivos de divulgación de la naturaleza como Planeta azul o El hombre y la tierra. La visita a ese centro incluye un recorrido por las instalaciones, seguido de otro por el exterior, que desde una serie de observatorios permite contemplar lobos que viven allí en régimen de semilibertad.

 ¿Sería posible un centro así en Galicia? «Non está mal, pero non soluciona nada. Non pode haber un en cada concello, pero si deberamos ter un», sostiene Alibés. Por un lado, dice, funcionaría como un aliciente turístico y como un lugar de encuentro de sectores implicados; por otro, agrega, permitiría reunir y divulgar aspectos del lobo muy presentes en la etnografía de Galicia.

 EL REPROCHE

Pocas ayudas a las razas de cruce. El alcalde Muras, Manuel Requeijo (BNG), se queja de que las ayudas de la Xunta por ataques del lobo sean mayores para animales de unas razas frente a otras en algunos casos. Por un potro de pura raza gallega de menos de dos meses se da una ayuda pagan 198 euros; por uno de otras razas, 158. El regidor asegura que las consecuencias se ven en la Feira do Poldro, en donde en los últimos años, dice, se comprueba un descenso del número de reses a consecuencia de los ataques que sufre ese ganado.

 LA DIVERGENCIA

Disparidad sobre las batidas. El alcalde de Muras cree que lo prioritario no es autorizar batidas sino disponer de datos actuales sobre el número de lobos: en ese sentido, recalca, «non ten xeito» conceder autorización para matar animales si se desconoce cuál es la población real. Joan Alibés muestra una postura similar, que apoya en datos. Dice que en los últimos años se autorizaron 79 batidas en Galicia, en las que se mataron 12 lobos: «Non é a solución», explica.

 En cambio, Roberto García, alcalde de Xermade (PSOE), cree que las batidas, «por suposto», deben autorizarse si hay superpoblación. García, agente ambiental de la Xunta de profesión, sostiene que es frecuente ver pisadas de lobos en el monte; pero sobre todo destaca que cada vez es más frecuente ver lobos en lugares donde no solían aparecer hace años. Una opinión similar es la de Javier Prieto, ganadero de Labrada (Abadín) que subraya que en Vilalba, por ejemplo, se están registrando ataques a poca distancia de la carretera N-634. Prieto recuerda que en su niñez se autorizaban batidas de lobos con más frecuencia que hoy: «E non se acabou a raza», dice.

Carlos Riveira, veterinario de A Pastoriza, admite que entiende el malestar de un ganadero al que un lobo mata una o varias reses; pero añade que el problema de fondo es socioeconómico y que la administración y todas las partes implicadas deben analizar el modelo de medio rural que se persigue. El alcalde de Muras, por su parte, opina que es urgente crear un grupo de trabajo e insta a la Xunta a tomar medidas.

En agosto se llevó a cabo, en Abadín, una montería, autorizada por la Xunta tras los ataques al ganado en meses anteriores. Se podía abatir un animal, pero no se llegó a matar.

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