El jurado declara culpable a Pedro López de matar a su padre a golpes en Monterroso

La declaración del forense, José Luis Cascallana, clave en la decisión del jurado


LUGO / LA VOZ

El jurado popular ha decidido por unanimidad o mayoría considerar culpable de homicidio a Pedro López Louzao. Ahora, conocido el veredicto será el juez el que decida la pena, para el que el fiscal pide 17 años de cárcel.

El jurado atendió como elemento de condición que las declaraciones aportadas por los testigos, en particular la del médico forense, José Luis Cascallana, indican que las lesiones que presentaba la víctima se corresponden con una serie continuada de golpes que no coinciden con un golpe fortuito aislado.

Así mismo, consideran que los indicios muestran que el día de los hechos, en la casa, únicamente se encontraban el acusado y su hijo, por lo que solo el condenado pudo ser el autor.

El jurado también tuvo presente el testimonio de la psicóloga del Imelga, que indicó que el acusado conservaba la capacidad intelectiva pese a tener mermada su capacidad volitiva, por lo que era consciente de sus actos.

También consideraron los integrantes del jurado, que no se probó la existencia de una discusión previa entre acusado y fallecido, que desencadenara los hechos sucedidos.

Tampoco, dice el jurado, se puede afirmar con seguridad que hubiese una intención previa de causar la muerte al fallecido, pero considera que sí se debió representar por el acusado que tal cantidad de golpes podría causarle la muerte.

En el punto número 19 del veredicto, se tuvo en cuenta el error en la redacción cambiando la palabra atenuante por agravante.

Declaración peritos

El veredicto se leía doce horas después (22.30 horas) de retomarse el segundo día de juicio en la Audiencia Provincial de Lugo. A las diez de la mañana empezaron a declarar como peritos los agentes del laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil de Lugo, los forenses y la psicóloga del Imelga, que no dejaron lugar a dudas de que el fallecimiento de Ramón Abel López, de 78 años de edad y con una salud muy frágil, se trataba de una muerte homicida.

El primero de los agentes en declarar indicó que realizaron tres inspecciones oculares en la vivienda y manifestó que cuando se personaron en el domicilio se encontraron al acusado sentado en un sofá manifestando que matara a su progenitor a golpes y que estuviera limpiando.

Posteriormente, los agentes subieron al escenario y observaron a una persona fallecida en posición decúbito supino (boca arriba), con la parte inferior debajo de la cama y con múltiples lesiones. Además, en la puerta de la habitación hallaron marcas de golpes propinados con algún objeto punzante que podrían haberse realizado en días anteriores.

Pero algo que le llamó mucho la atención a este agente, fue la presencia de sangre en la parte cóncava de la suela de una de las botas que vestía el acusado.

Otra agente de Criminalística indicó que recogió los indicios hallados en el lugar y destacó la gran cantidad de sangre que se desprendía del oído izquierdo de la víctima.

El tercer agente, que estuvo presente en la realización de la autopsia, indicó que en una segunda inspección requerida por la jueza de Chantada, hisoparon una cuna metálica que se hallaba en la habitación donde estaba el cadáver y buscaron posibles envases de alcohol en la casa. Este agente indicó que revisaron todas las estancias de la vivienda pero lo único que encontraron al respecto fue una botella a modo de candelabro.

En cuanto al resultado pericial de lo hisopado en el pie derecho, en la manga derecha de la camisa, en las botas o en la cuna se obtuvo un perfil genético compatible con la víctima. Así mismo, de la sangre hallada en el pantalón del acusado se mezclaban dos perfiles, la del fallecido y la de un varón de corta edad (su hijo que esa noche dormía en la casa).

El acusado podría haberle pisado la cabeza con la bota 

Uno de los indicios que más le llamó la atención a los agentes del laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil de Lugo fue el hallazgo de sangre en la parte cóncava de suela de la bota derecha que vestía el acusado el día de los hechos. La sangre se encontraba justo en la zona que no impacta con el suelo al pisar. Esto podría indicar que el procesado, además de propinarle puñetazos y patadas a su padre, podría haberle pisado la cabeza. Los agentes hisoparon el calzado del acusado para obtener perfil genético y compararlo con víctima y posible autor.

El fiscal rebajó a 17 años la pena de prisión y retiró la prohibición de acercarse a su hijo

 

Tras finalizar las declaraciones y a raíz de lo manifestado por la forense que se encargó de realizar el informe de imputabilidad, el fiscal rebajó la petición de pena de prisión de 20 a 17 años porque aunque consideró que Pedro López actuó movido por el ánimo de acabar con la vida de su padre «a consecuencia de la ingesta de alcohol, el acusado tenía en el momento de los hechos afectadas sus capacidades volitivas conllevando a ello un bajo nivel de control de sus impulsos», lo que aplicó la circunstancia atenuante a la lógica de embriaguez y en consecuencia rebajó la pena, pasando de 20 a 17 de prisión.

Por otra parte, el fiscal también suprimió la prohibición del acusado de acercarse y comunicarse con su hijo a menos de 300 metros durante 21 años, tal y como pedía inicialmente en su escrito.

Un traumatismo craneal causó la muerte a Ramón Abel López, que ese día no se sostendría de pie debido a sus lesiones

Una de las declaraciones clave en estos juicios es siempre la del forense José Luis Cascallana Álvarez, el jefe del servicio de patología forense del HULA, que junto a otra compañera, realizó la autopsia.

Con la pericia y profesionalidad que le caracteriza, este forense declaró que el fallecimiento de Ramón Abel López se debió a «una muerte homicida sin ninguna duda» causada por una hemorragia subdural traumática o traumatismo craneoencefálico, iniciada por una agresión física y en un horario comprendido entre las 21.00 horas del 18 y la 1.15 horas del 19 de marzo de 2018.

A diferencia del acusado, que aseguró que levantaba a su padre a diario y que también lo había hecho el día de lo sucedido (cuando supuestamente lo encontró tendido en el suelo de la habitación) aunque tenía un peso de 90 kilos, el forense aseguró que un ser humano no es capaz de levantar un cadáver de 90 kilos. «Incluso a dos personas robustas les costaría levantar un cadáver con ese peso», aseguró José Luis Cascallana, que añadió que con las lesiones que presentaba la víctima no se sostendría en pie el día de los hechos.

El jefe del servicio de patología forense explicó al detalle las lesiones que presentaba la víctima y utilizó símiles cotidianos para un mayor entendimiento. En este sentido, clasificó en tres los tipos de lesiones que presentaba el fallecido: traumáticas perimortales, en evolución y patológicas.

Entre las lesiones traumáticas perimortales situó un hematoma subdural laminar bilateral, es decir, la hemorragia en el interior del cráneo que le causó la muerte. «En el encéfalo, cuando hay una aceleración y deceleración brusca, se mueve porque tiene una consistencia blanda. Es como un flan», ejemplificó el profesional, que explicó que con este movimiento se produce hemorragia y lesión que causa la muerte. «Y más cuando es una persona mayor que tiende a sangrar con más facilidad», puntualizó.

En este grupo de lesiones traumáticas que presentaba la víctima, se encuentra una contusión orbitaria/frontal izquierda, (moratón causado por un traumatismo); un infiltrado hemorrágico de ambos músculos temporales (en la zona de las dos orejas, presentaba heridas inciso contusas, es decir, cortes por desgarros de la piel a causa de los golpes); un hematoma palpebral bilateral, (acumulación de sangre debajo de los dos párpados, causando hinchazón y moratones correspondientes con impactos); múltiples laceraciones en la oreja izquierda, (cortes producidos por impactos traumáticos, propinados con mucha potencia pero sin la utilización de armas); fracturas de columna (contusión en profundidad, vértebras separadas y provocando una lesión importante en la cavidad abdominal); contusión en la cadera, espalda y en el mesenterio, esto último es el tejido fibroso que estabiliza los intestinos.

En cuanto a las lesiones en evolución (antiguas) se sitúan contusiones discoides múltiples en la región superior de los brazos; contusiones en las rodillas y en la parte superior de la pierna derecha, así como una erosión en el labio inferior.

Referente a las lesiones patológicas, el forense aunó un hepatocarcinoma, una esteatosis hepática, una microembolia grasa pulmonar y una atrofia renal.

Valoración imputabilidad

La forense que se encargó de esta parte, indicó que en el momento de la exploración, el acusado presentaba una intoxicación alcohólica aguda y trastornos derivados de un consumo abusivo de alcohol. El acusado, en su declaración a esta profesional, indicó que su padre era una persona muy controladora, le causaba problemas en el trabajo y que discutían bastante. Días anteriores a los hechos, mantuvieran una riña por temas económicas. El acusado podría haberle pedido dinero para hacer frente a unas deudas y su progenitor se habría negado a entregárselo.

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