Los vecinos más cosmopolitas de A Ulloa se reúnen cada mes en la feria de Monterroso

Ingleses, holandeses, belgas o canadienses instalados en la comarca se juntan desde hace una década para compartir sus experiencias

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Lugo / La voz

Monterroso adquiere un aire más internacional cada primero de mes. No solo se celebra la cita mensual con la feria, sino que es el día que cada mes, desde hace una década, los vecinos más cosmopolitas de A Ulloa y sus alrededores han escogido para reunirse. Su segundo hogar es la cafetería del Hotel Río Ulla, donde Augusta les atiende con afecto y en inglés -no en vano estuvo emigrada en Inglaterra-. Allí, ingleses, holandeses, belgas, canadienses, filipinos.... comparten sus experiencias en el rural gallego y repasan la actualidad de sus países de origen. Aunque, a juzgar por sus declaraciones, la nostalgia no tiene cabida. Si algo dejan muy claro desde el principio, es que en Galicia están muy bien y que no entra en sus planes marcharse.

Quienes acuden a este encuentro tienen edades y procedencias muy variadas, aunque la mayoría de ellos ya están jubilados. Son alrededor de una veintena, que residen en aldeas de Monterroso, Palas de Rei, Taboada, Guntín, Antas de Ulla...

Su plan para esta cita mensual comienza por la mañana yendo a la feria de Monterroso, donde realizan algunas compras y, a veces, hasta comen el tradicional pulpo á feira, aunque «últimamente está muy caro», explica Lisa, una de las participantes. Después, quedan en el Hotel Río Ulla, donde han encontrado su particular refugio.

Colaboración de los vecinos

Tanto Lisa como Jayne, otra de las inglesas participantes, explican que su vida en Galicia, donde llevan instaladas varios años, es la ideal: «Aquí tenemos una vida mejor; hay sol, y es un lugar tranquilo». Además, destacan la implicación de sus vecinos: «Desde el primer momento que llegamos, se ofrecieron a ayudarnos; son muy colaboradores y muy amables con nosotros», destacan. Y eso a pesar de que su pasión por el rural no siempre es comprendida: «Los vecinos no entienden por qué compramos casas viejas, las restauramos y nos instalamos en aldeas; piensan que estaríamos mejor en Londres, Madrid o Barcelona», apunta sonriendo Lisa.

Y es que los inconvenientes que conlleva el rural no son tales para ellos: «Es perfecto así. ¿Que no hay buena cobertura? No importa, ahora estoy aquí, en Monterroso, con wifi», continúa Jayne.

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