El arte está más atacado por cigüeñas que por humedades

El templo románico está recibiendo obras de mejora contra filtraciones, pero sufre el problema de repetidos nidos de aves


vilalba / la voz

La conservación del patrimonio parece a veces una tarea casi constante e ininterrumpida, en la que unos episodios suceden a otros sin apenas tiempo para un descanso. Así ocurre en los últimos años en la iglesia de Meira, en donde la restauración de varios retablos, emprendida con aportaciones de la Xunta o de la Diputación según los casos, ha dejado paso a otra actuación aún en marcha.

Desde hace meses, con intervención de la empresa Esteo, se están realizando trabajos con los que se combaten los problemas de humedad en la sala de las reliquias, situada entre el altar mayor y el ábside, y con los que se recuperan unas pinturas que hasta ahora, debido precisamente a las filtraciones, soportaban un notable deterioro.

En cambio, parece más difícil de conseguir que las cigüeñas no elijan la parte alta de la iglesia, en el ala norte, para asentarse. Hace unos dos meses, se desmontó un nido que llevaba años; en este caso, tampoco parece haber intervalo entre un episodio y otro, pues se ha vuelto a formar otro con la consiguiente preocupación por los daños a la estructura: los excrementos de las aves pueden afectar al granito por su acidez; entre las piedras se va creando una hendidura por la que entra agua, y la presencia de varios animales implica un peso que también puede ser perjudicial para los muros.

Mientras tanto, la recuperación de la sala de las reliquias sigue su curso. En el canalón de plomo que recogía las aguas en el ábside -deteriorado por el paso de los años, como explica José Manuel Rey, restaurador de la empresa Esteo- se ha colocado un revestimiento de silicona líquida, con lo que se prevé evitar filtraciones. En segundo lugar, el mortero de cal del muro se ha renovado, colocando otro que resulta menos agresivo y que permite que la piedra transpire.

Pizarra sobre grava

Además, en el suelo de la sala de las reliquias se colocaron ya láminas de pizarra. Van puestas sobre grava, pero con una separación de unos 20 centímetros; las láminas, detalla Rey, «non van rexuntadas» sino con una pequeña separación entre unas y otras, buscando así que el aire corra y no forme condensación. Al mismo tiempo se aseguran piedras de la bóveda.

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