Puntos negros

Emilio R. Pérez DESDE EL ALTO

LUGO CIUDAD

Hay aquí un solar, justo frente a mi mesa de la Ousá de Frigsa, que se lo come la maleza. Tiene una valla infame con pintadas ilegibles por la implacable acción del tiempo, y una puerta que no abre seguramente, pues las pintas canallescas invitan a mojarse a uno sin temor a equivocarse. Dos números más allá, Avda. de A Coruña arriba, hay una casita de una planta, en su día reformada, tan cuca que da gusto verla. Quizá aún más daría si en el espacio ese citado hubiese otra parecida.

Ejemplos como el descrito los hay en Lugo por docenas, a cada cual más ostentoso; y no ya sólo solares, sino también ruinosos restos pétreos a montones que se caen de viejos y que, como bien saben ustedes, “decoran” sutilmente nuestra ciudad por todas partes. Solares, casuchas destartaladas, esperpénticos aquelarres…, cochambre. Son como borrones de tinta china en mitad de cualquier hoja de un bonito libro; así que llámenle al lector turista y saquen sus conclusiones. Si no barres tu propia casa, o lo haces y ven cómo guardas bajo la alfombra el polvo, ésa es la lamentable imagen con que se quedan y van contando por ahí afuera.

Con lo chulillo que es nuestro Lugo, si además le diéramos algo de brillo… ¿Que no hay betún?... Pues oye, no vamos a flagelarnos, al menos darle al cepillo e intentar disimularlo. En mayor o menor medida, vergüenzas de esta índole las hay en todas partes, pero me he fijado en que por ahí al menos, con vistosos sucedáneos y un pelín de decoro, saben cómo arreglarlo y suavizar su impacto. Y dan el pego, oye, pues hasta parecen desde lejos fachadas reales. Y no son más que murales. Como grafitis pero con menos arte.