Héctor Salvador, el lucense que bajó a la Fosa de las Marianas: «Ahí abajo uno se siente como una burbuja microscópica»

ANDRÉS QUINTIÁN LUGO / LA VOZ

LUGO CIUDAD

El ingeniero lucense, Héctor Salvador.
El ingeniero lucense, Héctor Salvador. LAURA LEIRAS

El ingeniero fue condecorado por la Armada Española con la Gran Cruz al Mérito Naval

18 abr 2026 . Actualizado a las 11:06 h.

Esta semana, el ingeniero lucense Héctor Salvador fue condecorado con la Gran Cruz al Mérito Naval. Héctor explica que supone esto para él y habla sobre su trayectoria profesional, que incluye el hito de ser el único español en la historia en haberse sumergido en la Fosa de las Marianas.

—¿Qué significa este reconocimiento para usted?

—Fue un momento muy emotivo y un gran honor. Este es uno de los mayores reconocimientos a nivel nacional que otorga la Armada. Me la dieron a modo de reconocimiento por poner a su disposición, de manera altruista, mi experiencia y una tecnología capaz de acceder a grandes profundidades en el fondo del mar.

—Usted era ingeniero aeroespacial, ¿qué le hace cambiar de rumbo?

—Mi primera inmersión con el hijo pequeño de Jacques Cousteau. Aprender a bucear fue una experiencia que me cambió la vida. Ahí me di cuenta de que este campo científico tenía todo lo que buscaba: microgravedad, historia, exploración...

—Fue el primer español en bajar a la Fosa de las Marianas, ¿qué supuso para usted?

—Supuso un premio al trabajo que estuvimos haciendo mi equipo y yo durante cinco años. Desarrollamos tecnología que no existía para bajar repetidas veces a gran profundidad. Anteriormente, solo tres personas habían bajado tantos metros: Don Walsh, Jacques Picard y James Cameron. Después de nuestro trabajo nos sumamos a la lista yo, mi compañero Tim Macdonald y Victor Vescovo, el mecenas americano que financió nuestro proyecto.

—¿Qué se siente al estar 10.000 metros bajo el mar?

—Como una burbuja microscópica con la fortuna de observar un lugar mitológico como es el fondo de la Fosa de las Marianas.

—¿Cuánta cantidad o porcentaje del océano conoce el ser humano?

—Esto es relativo. Con sensores y a baja resolución prácticamente todo- A alta resolución se habla de que estamos en un 26%. Teniendo en cuenta que el océano supone un 70 % del planeta, significa que no conocemos ni la mitad de nuestro hogar. El porcentaje es ínfimo si consideramos que parte ha visto el ser humano con sus propios ojos. Nos quedan siglos para poder verlo con el ojo humano el 100% del fondo del mar.

—¿Piensa que algún día se logrará?

—Lo dudo. No creo que podamos asegurar que todos los árboles del mundo han sido vistos por el ojo humano, pues esto sería lo mismo. Aunque es cierto que los sistemas autónomos están ayudando a mapear los océanos de forma mucho más rápida.

—¿En qué está trabajando ahora mismo?

 —Soy el piloto del último sumergible que construí cuando trabajaba en el astillero de Triton, a bordo de un buque oceanográfico noruego que se llama REV Ocean. Es un proyecto filantrópico que pone a disposición de la comunidad científica internacional el buque con los laboratorios y los equipos de investigación más avanzados del mundo. 

—¿Cuál es la situación de los océanos en la actualidad?

—Es crítica pero no me gustan los mensajes catastrofistas, los océanos se recuperan rápido. Lo que pasa es que estamos poniendo una presión sobre los océanos como nunca antes se ha hecho. La tecnología de pesca o el cambio climático están ejerciendo una presión extrema y tenemos que entenderlos lo mejor posible para poder gestionarlos de la forma más responsable y sostenible posible. 

—¿Se pueden observar consecuencias derivadas de la mala conservación marina?

 —Sí. Es algo que se puede observar de manera evidente cuando estás en el fondo del mar. Cuando una persona con poder de decisión se sumerge con nosotros y ve con sus propios ojos la magnitud del problema se dan cuenta de lo que sucede. Hay mucha contaminación, mucha basura de origen humano. Con el calentamiento global hay arrecifes enteros de coral que se están blanqueando, que se están muriendo. En España hay especies que deberían estar en aguas mucho más cálidas y que están subiendo a latitudes donde nunca habían estado antes, lo que es una muestra clara de cómo está subiendo la temperatura del agua. Esto último influye en fenómenos de alta energía como son las danas, que cada vez son más frecuentes.