Una manera de hacer Europa

Santiago Catalán

LUGO CIUDAD

Carteles de obras sin retirar: imagen en el Camino Primitivo de Lugo, en la zona de O Carme
Carteles de obras sin retirar: imagen en el Camino Primitivo de Lugo, en la zona de O Carme SANTIAGO CATALAN

Paseo Carmen abajo por el Camino Primitivo hacia las estrechas corredoiras que, rodeadas de huertas y arbolado, evocan nostálgicamente el pasado rural de Lugo y que por su belleza natural e interés histórico merecerían su conservación y un mejor trato en su diseño y mantenimiento. En el punto de partida del Regueiro das Hortas, un cartel y un monolito nos recuerda que además, por aquí discurría la vía XIX de los romanos que, pasada la puerta del Carmen, llevaba al puente que cruzaba el Miño. Historia con mayúsculas.

El cartel anuncia las obras que, hace ya unos cuantos años, debieron acometerse para la conveniente puesta en valor de ese breve y bello tramo del Camino que tanto se disfruta, al introducir mágicamente al paseante desde el mismo centro de la ciudad a un sorprendente ámbito verde, natural y ruralizado. Este cartel, como otros, lleva ahí años porque, acabadas las obras, olvidaron o no quisieron retirarlo. Pero no es una excepción. En muchas de las obras que dirigí para la administración la cartelería obligatoria permanecía por los siglos de los siglos hasta que, desgastada, descolorida y vandalizada quedaba como un feo e inútil elemento urbano. Dejarla en el sitio nada cuesta y si desmontarla y llevarla a un vertedero autorizado.

Siempre pensé que, detrás de esta desidia, podría esconderse otro motivo de conveniencia política: publicidad cutre pero gratuita y recuerdo machacón de la obra acabada ¡Que se sepa! Esta mala y rutinaria costumbre es común a cualquier departamento público y de cualquier color ideológico. «Lo hicimos nosotros» parecen querer recordar estos tristes carteles, pobres competidores del ampuloso «Lo hice yo» grabado en esas placas de bronce inherentes a toda inauguración y concebidas para efímera gloria del alcalde o el conselleiro de turno que persiguen así hacerse su huequecito en la historia. Siempre detesté esas placas ostentosas con afán de perpetuación personal que olvidan al pueblo, a los ciudadanos que con su trabajo y sus impuestos son los que sufragan toda obra pública.

Antes y ahora, todo es susceptible de ser inaugurado con pompa y placa personalizada. Después viene lo de retirar? o no el cartel y mantener y conservar en buenas condiciones lo construido con fondos europeos. Ah! Pero eso si que es para un capítulo aparte? y para llorar.