Tras los pasos del empresario lucense José Fernández López: «Fue un hombre del Renacimiento, audaz y pionero, pero en la España del siglo XX»

Laura López LUGO / LA VOZ

LUGO CIUDAD

Marisa Gallero, autora de la biografía sobre el lucense José Fernández López
Marisa Gallero, autora de la biografía sobre el lucense José Fernández López

La periodista Marisa Gallero presenta en Lugo un libro biográfico sobre el hijo del tratante sarriano Antón de Marcos. Fue un empresario polifacético y mecenas cultural, comprometido con la sociedad y con su tierra gallega. Fundador de empresas como Pescanova, Titania, Zeltia o Transfesa y responsable de la llegada del kiwi a Galicia o de la mejora de la patata gallega, su huella en el progreso de España fue tan grande como su discreción

10 sep 2025 . Actualizado a las 10:06 h.

La periodista gaditana Marisa Gallero, que en la actualidad escribe en El Debate, presenta en Lugo José Fernández López. Un empresario sin miedo al riesgo, un libro biográfico sobre el hijo del tratante sarriano de ganado Antón de Marcos. Nacido en Lugo en 1904, fue un empresario polifacético y mecenas cultural, comprometido con la sociedad y con su tierra gallega. Fundador de empresas como Pescanova, Titania, Zeltia o Transfesa y responsable de la llegada del kiwi a Galicia o de la mejora de la patata gallega, su huella en el progreso de España fue tan grande como su discreción.

Dio cobijo a científicos represaliados durante la dictadura; creó la primera multinacional de transportes especiales ferroviarios; sobrevoló Alemania en plena Segunda Guerra Mundial, con todas las luces del avión apagadas mientras veía cómo caía una tormenta de bombas, para comprar vagones... «Detrás siempre había una vocación de hacer más grande su país, de servir a los demás. En la raíz de sus iniciativas se encontraba un marcado sentido de servicio al interés general. Hoy todos somos un poco herederos de la iniciativa de aquel lucense discreto en las formas que albergaba en su interior el alma de un tenaz e inquieto emprendedor», afirma Bieito Rubido en el prólogo de la obra. 

La presentación tendrá lugar este viernes, día 12, a las 18.30 horas en el Museo Provincial, con entrada libre. Además de la autora, en el acto participarán José María Fernández Sousa-Faro, hijo del biografiado; Bieito Rubido, director de El Debate; Aurelia Balseiro, directora del Museo; e Iria Castro, de la Diputación.

—¿Cómo surge la idea del libro?

—Es Bieito Rubido quien me lo propone, tras un encargo del hijo mayor de José Fernández López, José María Fernández Sousa-Faro, presidente de Pharmamar. Me pareció una idea interesantísima y me puse a ello. Pero con las primeras investigaciones me di cuenta de que este hombre no aparecía en Google y que toda la información la debía buscar en archivos de Galicia y de Mérida. Sin estos archivos no se habrían podido reconstruir los pasos de este empresario tan audaz y adelantado a su época pero, eso sí, de una discreción absoluta; quería que las protagonistas fueran sus empresas, no él.

—¿Sorprendida con lo que descubrió en la investigación?

—Sorprendida y maravillada con la capacidad de trabajo y de inventiva de este hombre pionero, un personaje fascinante y una figura fundamental para Galicia y España.

—¿En qué ámbitos fue pionero?

—Es complicado resumirlo porque fue un adelantado a su tiempo. Pero, por ejemplo, en 1943 crea Transfesa (Transportes Ferroviarios Especiales) en Badajoz. Gestionaba entonces el matadero provincial de Mérida, pero tenía ya negocios en Galicia, donde siempre tenía puesta la mirada. Y se da cuenta de que con el transporte, al llegar a la frontera, al paso de los Pirineos, tenía que haber un cambio de vía, hacer el transbordo de toda la mercancía que llega hasta la frontera con Francia y pasarla a otro tren, con toda la pérdida de tiempo que conlleva. Él es quien patenta un sistema de cambio de ejes para adaptar el ancho de vía entre España y Europa, algo absolutamente pionero. Además del ahorro de tiempo, evitaba que se echara a perder la mercancía, pues aún no había frigoríficos industriales. Este sistema lo logró poner en marcha en 1951. Es uno de sus logros más desconocidos. Pero hay muchos más. Por ejemplo, la marca de Pescanova, que fundó José Fernández López en 1960, es súper conocida, pero no tanto que financió los dos primeros buques congeladores de España de su bolsillo, y siempre con nombres gallegos: el Lemos y el Andrade. Él creía que, al igual que con la carne, se podían congelar los peces en alta mar y así no perder calidad.

También fue pionero en la creación de sociedades mixtas. Solo en África, ya en el verano de 1964, creó el primer consorcio pesquero hispano sudafricano y construyó una factoría allí. Porque no solamente tenía la visión de España, sino también de Europa, continental.

O la idea de construir un buque factoría en un antiguo trasatlántico que estaba totalmente desahuciado y varado en la ría de Vigo, el Habana, que convirtió en el Galicia, con once flotillas con nombres de ríos gallegos. Y llegó a poseer la primera flota congeladora de Europa y la tercera del mundo. A medida que iba avanzando en la investigación me daba cuenta de que en todos los temas que tocó tuvo una gran importancia para el desarrollo de España.

 Los libros se construyen gracias al papel de gestores de archivos, una labor poco valorada y de una gran importancia para reconstruir nuestra historia y que las personas no queden en el olvido

—Destaca de él su visión de negocio y creatividad...

—Sí, y hay facetas suyas que son muy poco conocidas, como su papel en la gestión y la financiación para el Museo de Pontevedra del legado de Castelao a su viuda. Él, en los últimos años de su vida, decide que hay que pagarle la cesión de los derechos de todas las obras de Castelao que están en el Museo del Prado. Y pone 300.000 pesetas para esa cesión de derechos. De hecho, en el libro he incluido un código QR que da acceso a todas las obras del Museo de Pontevedra de la colección José Fernández López, que él hizo en vida. Fue un hombre del Renacimiento, audaz y pionero, pero en la España del siglo XX, de 1904 a 1986, que tampoco era precisamente un país del Renacimiento en esa época.

—¿Fue complicado el trabajo de investigación?

—Sí, y está basado en archivos. Los libros se construyen gracias al papel de gestores de archivos, una labor poco valorada y de una gran importancia para reconstruir nuestra historia y que las personas no queden en el olvido. Con ellos he ido descubriendo aspectos que dan idea de esa discreción absoluta de José y ese empeño de hacer de todo. En el archivo de la Misión Biológica de Galicia he encontrado documentos maravillosos: por ejemplo, en Mérida el matadero estaba en quiebra en la Segunda República y las dos primeras subastas habían quedado desiertas. Él, nada más instalarse en Mérida, en la tercera subasta, puja y firma el contrato en 1936. Escribe entonces una carta a Cruz Gallástegui, de la Misión Biológica, para solicitarle simientes de patatas de A Fonsagrada para sembrar en las riberas del Guadiana. Y en 1938, con sus hermanos, entregó a la Misión un donativo de 100.000 pesetas y un préstamo sin intereses de 300.000, que a ver quién daba un préstamo sin intereses en plena guerra. Como curiosidad, financió la importación, desde Inglaterra a Pontevedra, del último cerdo inglés de un linaje en extinción.

—A pesar de su éxito, no parece que el dinero fuera su motivación. ¿Cuál cree que era?

—Era un trabajador nato y creó un imperio. Su motivación era hacer cosas, tanto para su tierra como para el resto de Europa. Él siempre miraba a Galicia, para que no se quedara atrás. En 1939 fundó, junto a sus hermanos, los laboratorios químicos farmacéuticos Zeltia, en O Porriño; o en 1940, Titania, dedicada a la minería, siendo pionero en la extracción de titanio y litio... En Antibióticos, por ejemplo, fue una máquina de hacer dinero. Su papel fue decisivo en el salto cualitativo y cuantitativo de este holding formado por seis laboratorios, y en 1968, en un consejo de administración, propuso endeudarse para ampliar la fábrica. Tras un debate, apoyaron su idea y dejaron atrás a su competencia. Y en 1977 el capital de Antibióticos se duplicó a 1.307 millones. Pero él no paraba y seguía invirtiendo el dinero. Como cuando vio en Alemania que las piezas de kiwi valían 300 pesetas y empezó a hacer plantaciones de kiwi en Nigrán, que fueron las primeras plantaciones de kiwi de Europa.

—¿Cómo empezó su carrera empresarial?

—Él estudió Derecho entre Santiago y Madrid y estaba preparando las oposiciones para registrador, pero su padre, el tratante Antón de Marcos, tuvo un accidente de coche en 1931 y falleció. Así que toma el relevo de su padre, pero en enero de 1932 ya era secretario de la Unión de Tratantes de Ganado de Galicia. Y ahí empezó todo.

—¿Cuál fue su huella en Lugo?

—Él se sentía muy orgulloso de sus orígenes. Hizo donaciones al Museo Provincial de Lugo, y la remodelación del edificio se pagó entre sus hermanos, él y Álvaro Gil Varela, su mano derecha. Fue vicepresidente y el mayor accionista privado de Frigsa, fundó Semillas Selectas en el Paso a Nivel...