El centro de Lugo cumple 50 años como Conjunto Histórico-Artístico

Suso Varela Pérez
suso varela LUGO / LA VOZ

LUGO CIUDAD

La declaración buscaba evitar posibles daños al patrimonio público y privado

19 feb 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

El 22 de febrero de 1973, el Gobierno de Franco declaraba el recinto intramurallas de Lugo como Conjunto Histórico-Artístico. El acuerdo se tomó en el consejo de ministro del 9 de febrero y se publicó en el BOE el 13 de marzo. De esta forma, sobre Lugo ciudad, como señalaba el decreto, «la tutela de este conjunto, que queda bajo la protección del Estado, será ejercida a través de la Dirección General de Bellas Artes, por el Ministerio de Educación y Ciencia, el cual queda facultado para dictar cuantas disposiciones sean necesarias para el mejor desarrollo y ejecución del presente Decreto».

La consecución de este título, que arrancó de un dictamen de la Comisión Central de Monumentos hecho en 1966 por el lucense Manuel Vázquez Seijas, supuso un cambio y la voluntad de crear un marco que ayudase a conservar el patrimonio intramurallas, que ya estaba amenazado por el desarrollismo. El decreto lo dejaba claro: «Para preservar estos valores de reformas o innovaciones que pudieran perjudicarlos se hace necesario colocarlos bajo la protección estatal, mediante la oportuna declaración».

Esta declaración de hace 50 años completaba a dos hechos que comenzaron a sucederse a inicios de los años 70. Como explica la arquitecta de la Oficina de Rehabilitación de Lugo, Laura Campoy, el 8 de julio de 1971 se tomó el primer paso de conciencia «‘oficial’ en torno a la riqueza cultural del centro histórico cuando el Gobierno declaraba de utilidad pública las demoliciones adosadas a la Muralla con el fin de poder restaurar el monumento y favorecer su contemplación». Al año siguiente comenzó la demolición de 81 edificios.

La declaración de Conjunto Histórico-Artístico de hace 50 años, en base a una ley de la República de 1933 que protegía monumentos históricos, fue un blindaje para el casco viejo lucense, ya que, en principio, ni los propietarios particulares ni el Concello podían actuar en las edificaciones ni abandonar su conservación sin los informes de la Junta Superior.

 Competencias

Con la llegada de la Autonomía, las competencias en Patrimonio se transfirieron a la Xunta, lo que sumado a la ley estatal que obligaba a los concellos a crear planes de protección, desembocó en 1997 en la aprobación del PEPRI, una norma, que como explica el historiador Adolfo de Abel Vilela, contribuyó a poner en valor el débil patrimonio lucense, pero a la vez a crear agravios, permitir abusos, incapaz de evitar derribos de edificios simbólicos y, en muchas ocasiones, paralizar proyectos y obras que no ayudaron al desarrollo de la ciudad.

Las últimas décadas

En los últimos 25 años sí se han desarrollado planes que han mejorado, aunque con matices y quejas por parte de determinados colectivos y especialistas, la percepción del casco histórico: en mayo de 1997 el Concello y la Xunta firmaron el acuerdo que permitió la peatonalización de gran parte del centro y la rehabilitación de inmuebles para uso público (albergue, oficina de turismo).

En 1998 se declaró el ARI del casco histórico (poco desarrollado). Con el nuevo siglo comenzó la compra y reforma de viviendas de A Tinería (aún quedan muchas por ejecutar), más peatonalizaciones (Bispo Aguirre, Ronda), la llegada de fondos del Plan Urban que mejoró edificios y espacios públicos (San Marcos, Praza de Abastos) y ahora se prevé ejecutar un plan para peatonalizar por completo el centro, y en el futuro se quiere optar a Patrimonio Mundial.

¿Qué decía el decreto que firmó Franco?

El decreto del 22 de febrero que se publicó el 13 de marzo en el BOE, y firmado por Francisco Franco y el ministro de Educación y Ciencia, José Luis Villar Palasí, decía: «La parte más característica de la ciudad de Lugo es la comprendida en el recinto murado, construcción del siglo III y única que se conservó completa en España después de la invasión musulmana. Se mantienen más de medio centenar de cubos y hasta 10 puertas, y lo que fuera camino militar es ahora hermoso paseo, desde el que puede contemplarse, por una parte, el maravilloso paisaje la sierra de los Ancares, las colinas del Condado de Guntín y el valle del Miño, y por otra, la ciudad interior».

«En esta ciudad intramuros puede apreciarse virtualmente íntegro el trazado medieval, con calles y plazas tan señaladas, como las de la Rúa Nueva, San Pedro, Miño, Conde de Pallarés, Dulcerías, del Campo, Pío XII, Santa María y España. Abundan en ella los edificios monumentales, como la catedral, románica en sus orígenes, e influenciada luego por elementos góticos y platerescos; el Convento de San Francisco, síntesis de la arquitectura franciscana y dominica de Galicia y ejemplo de supervivencia del románico; la Iglesia de Santo Domingo, fundación del siglo XIII, con portada de ingreso gótica y cúpula peraltada del barroco más puro en la sacristía; la Iglesia y Convento de los Padres Franciscanos, antiguo seminario, construido en 1594, con fachada de la arquitectura local; la Iglesia de Santiago Nova, del siglo XIII, reconstruido en el XVIII, con interior neoclásico y toques barrocos; el edificio del Ayuntamiento, obra probable de Ferro Caaveiro, terminado en 1738 y ejemplo del barroco gallego; el Palacio Episcopal, construido en 1743, sobre fábrica primitiva de otro palacio del XV y con escudos de los Reyes Católicos y de los Lemos y Osarios, y otras construcciones más que contribuyen a la formación de este singular conjunto histórico-artístico».